sábado, 2 de abril de 2011

Relato: Rebelión. Parte I

Rebelión. Parte I

Hacia calor, un calor seco y agobiante, y el llevar traje y corbata no ayudaba a aliviarlo. El Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones debería estar acostumbrado, pero aun después de tanto tiempo trabajando en aquel lugar el calor seguía molestándole.
Hizo una pausa en su trabajo y miro por la gran ventana de su despacho mientras se aflojaba la corbata de forma distraída. El paisaje era el mismo de siempre, el gran lago de lava, los chorros de azufre hirviendo en el horizonte y las lejanas figuras de Operarios y Condenados en su ajetreo eterno, el típico paisaje del Infierno, y no hacia mas que acrecentar la sensación de calor.
El intercomunicador sonó con ese irritante pitido acompañado de una luz roja parpadeante. El Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones hubiese preferido no atender la llamada y quedarse dormitando en su sillón, que aunque no era todo lo cómodo que hubiera querido permitía una cabezadita, pero el molesto ruido era insoportable y sabia que la manera mas fácil de hacerlo callar era responder. Así que apretó un botón y la voz de su secretaria surgió del aparato, la misa voz estridente de siempre, el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones se pregunto si en realidad los condenados no eran ellos en lugar de las almas de los Condenados.
“Señor, el Director General de Secciones desea verle, dice que es urgente”
Urgente, siempre, todo era urgente en aquel lugar, y eso que tenían toda la eternidad por delante.
“Hágale pasar, y prepare unas bebidas, ya sabe algo fuerte”
El Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones se reajusto la corbata y ordeno un poco los papeles sobre su mesa, la visita era de alto rango y no quería crear mala impresión, nada bueno le pasaba a aquellos que causaban mala impresión.
La puerta se abrió, y una imponente figura entro, no era excesivamente alto pero la imponente cornamenta sobre su cabeza denotaba una gran posición dentro del sistema. A su lado un pequeño individuo le acompañaba portando un maletín, ambos vestían traje y corbata impolutos y sin una arruga.
“Por favor señores siéntense, en breve traerán algo de beber.”
Los dos invitados tomaron asiento y lanzaron una rápida ojeada al despacho, el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones trago saliva y al instante se arrepintió, desando que nadie se hubiera percatado del gesto.
El Director General de Secciones miro directamente al anfitrión, cuando hablo su voz parecía salida de las profundidades de la tierra, y quizás no fuera una casualidad.
“¿Dígame, cuantas almas entraron en el pasado ciclo?”
Los ciclos, una manera artificial de medir el tiempo que solo usaban los Administradores y Operarios, a los Condenados no se les dejaba medir el tiempo, como parte de su tortura, no era divertido si sabían cuanto tiempo le quedaba para el cambio de condena.
“Deje que revise los papeles un segundo, esta todo anotado” el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones ojeo un par de archivos, y al poco rato respondió, con una voz que traicionaba su nerviosismo, aquella no era una visita normal. “Setecientos veintiocho millones de Almas, un 13% mas que en el ciclo anterior”
En ese momento la secretaria entro con tres copas, y ofreció una a cada uno de los presentes.
“¿Y cuantas Almas se prevé que entraran durante este ciclo?
“Pues, se estima que serán mas de mil millones, ya lo tenemos todo preparado para que ningún Alma se quede en las puertas del infierno mas que el tiempo requerido señor” Demostrar que todo estaba preparado no impresionaría al superior, pero por lo menos no quedaría como un incompetente.
“Ese no es el problema, las puertas del infierno pueden dar paso a muchas mas almas que las esperadas, el problema viene después” sin ningún gesto ni palabra aparente el acompañante tomo la palabra y abrió el maletín.
“Nuestro espacio es limitado, lamentablemente el infinito se lo quedaron los de arriba. Nosotros tuvimos que conformarnos con el inframundo, que aunque es extremadamente grande, no podrá albergar a todas las almas pecadoras de la humanidad, hemos calculado que la totalidad de los Sectores Territoriales será ocupada antes del Juicio Final, y entonces empezaremos a tener problemas de hacinamiento. Que si bien no es problema para las almas Condenadas, al fin y al cabo ellos vienen a sufrir, será un problema para los Operarios. Nadie querrá dejar su Sección de Vivienda para que se construyan Centros de Administración de Castigos.”
El hombre del maletín había dicho todo esto a una velocidad que hizo que el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones no estuviese seguro de haberlo captado bien, pero eso no era todo, el hombre del maletín siguió hablando con la misma velocidad, sin pausas.
“Y también tenemos el problema de numero de Condenados asignado a cada Operario. Puede llegar un punto, mucho antes del hacinamiento, en que el numero de Condenados sea inmanejable por nuestros Operarios, todo un problema como puede ver”
“Sin duda es un problema, ¿pero que tiene que ver conmigo? Yo soy el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones, contabilizo la entrada de Condenados al Infierno, pero hay se acaba mi trabajo” la preocupación en su voz era palpable “Para solucionar ese problema deberían hablar con el Coordinador de Operarios, no conmigo”
Los dos invitados se miraron y una sonrisa burlona surgió en sus rostros.
“Lo hemos hecho” dijo el superior, “Y hemos llegado a la conclusión en que este es un problema demasiado peliagudo como para arriesgar nuestros puestos, así que se lo hemos asignado a usted, ¿supongo que no tiene inconveniente verdad?” Antes de que el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones pudiera responder los dos invitados se levantaron y mientras el Director General de Secciones se dirigía a la salida dijo, “Entonces todo arreglado, tiene 5 ciclos para solucionar el problema o será depuesto de su cargo, y ya sabe lo que le ocurre a los que son depuestos de su cargo. Que pase un buen día”
El Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones vio que ninguno de los invitados había probado la bebida, así que tomo las dos copas y se las bebió de un trago, después apretó el botón para hablar con su secretara.
“Secretaria, quiero una reunión con los coordinadores del departamento de inmediato”
Serian cinco ciclos muy ajetreados, y encima ese maldito calor.

Muchos ciclos habían pasado desde aquella reunión, y el problema seguía sin solucionarse. El puesto de Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones había pasado por muchos operarios y se había convertido en el más impopular de todos los puestos administrativos. Como era de prever el problema de la asignación de Condenados llego antes que el del hacinamiento, cosa que hacia que el Coordinador de Personal empezara a preocuparse porque pronto no podría delegar el problema a otro y acabaría salpicándole. Y así estaban las cosas cuando el Operario de personal Nº 18232 llego a la sección asignada al Operario de Condenados Nº 75289, con dos mil almas mas para la sección.
“Operario de Condenados Nº 75289, esta es la nueva remesa de Condenados para su sección, las placas tienen todos los datos necesario para realizar su trabajo, no se demore”
“¿Cuantas son esta vez?” dijo el Operario mientras se acomodaba el mono de trabajo ante su superior “Le aviso que estoy casi al máximo de capacidad, si me asignan mas Condenados no podré aplicarles el Tormento de forma apropiada”
“Son dos mil almas mas, y mas le vale que no se encuentre con el problema de no poder hacer bien su trabajo, porque entonces el problema lo tendrás usted”
“¿Dos mil más, pero es que en administración no se dan cuenta que cada alma requiere un tiempo de dedicación para conseguir el sufrimiento adecuado? Esto no es tan fácil como parece.”
Lo dos Operarios Infernales continuaron discutiendo durante un rato, gracias a ello dos Condenados consiguieron salvarse de su Tormento momentáneamente, pues el Operario no estaba allí para aplicárselo.
“A saber que están diciendo esos dos cabrones”
El idioma Infernal era algo que no podían entender los condenados, así no podían pedir clemencia en un lenguaje que sus atormentadores pudieran entender, pues los Operarios nunca se preocupaban de aprender el idioma de los Condenados.
“Creo que discuten. Quizás sea porque le dan mas almas, fíjate en ese grupo de nuevos, es el mas numeroso que haya visto en toda mi condena, y llevo aquí mucho tiempo”
“Y que sabrás tu el tiempo que llevas aquí, si no puedes contarlo, no sabes cuantos años llevas aquí”
“Bueno tu ya me entiendes. Pero fíjate que cada vez somos más, y el hijo puta de los cuernos cada vez dedica menos tiempo a cada uno. Si esto sigue así quizás llegue un día en el que no nos pueda torturar a todos.”
“¿Y con tanto tiempo que llevas a aquí y aun tienes esperaza? Venga ya”
“Que te importa a ti lo que yo tenga, pero se me ha ocurrido una cosa, quizás llegue un día en que seamos tantos que podamos superar a los demonios, ¿te imaginas hacernos con el control?”
“Tu deliras, deja de decir tonterías y déjame disfrutar de este momento de tranquilidad”
La discusión entre los Operarios acabo, y los tormentos continuaron como siempre, solo que esta vez dos mil voces más se unieron a los gritos.
Pero en la mente de aquel condenado la idea de una rebelión seguía cobrando fuerza. Cada ciclo que pasaba eran mas, y hubo momentos en que el Operario dejaba unos minutos sin tormento a algunas almas, y en esos momentos la idea de la rebelión se fue extendiendo. Además el nuevo sistema de rotación de Condenados entre operarios, un intento de paliar la crisis de trabajadores, ayudo a que la idea se extendiese por el Infierno, hasta que no quedo una sola Alma que no la hubiera escuchado, aunque no todas tenían el mismo nivel de entusiasmo con la idea.

Y llego el esperado día en que el número de Condenados era abrumadoramente mayor que el de Operarios. Y entonces, tal y como se había acordado, en un cambio de ciclo, la rebelión empezó. Muchas Almas descubrieron que la muerte de un Alma era realmente peor que el infierno, un tormento indescriptible. Pero en tan solo tres ciclos tenían controlado casi todo el infierno y amenazaban el Palacio de Satanás, centro físico y Administrativo del Infierno, lugar de residencia del Príncipe de las Tinieblas y un lugar prohibido para los Condenados. Allí dentro los diferentes Directores, Coordinadores y Jefes de Departamento se habían reunido, y junto a Satanás intentaban encontrar una solución al problema.
“Son demasiados, debimos prever este problema hace mucho” dijo el Jefe de Departamento de Invención de nuevas Condenas, quizás el mas respetado de todos los Administradores, por debajo del Presidente de la Administración, el mismísimo Satanás, y por eso su voz tenia mucho peso en el consejo “Ahora es demasiado tarde para ponerle freno, las almas siguen entrando a raudales por las puertas, y cada una es un soldado mas para los rebeldes”
“Sabes bien que no se pueden cerrar las puertas del Infierno, vamos que es físicamente imposible” el que hablaba sabia bien que decía, era el Coordinador General de Nuevas Construcciones, la mayor eminencia en ingeniería y construcción del Infierno. Y si el decía que las puertas no se podían cerrar es que no se podían “De hecho llamarlas puertas es un error, son mas una obertura entre el Infierno y la Tierra”
“Y no podemos crear mas Operarios, los rebeldes han tomado el Pozo, ningún Operario nacerá. Y aunque lo haga, solo nace uno cada diez ciclos, un fastidio vamos”
Hubo un golpe en la mesa, proveniente del lugar donde Satanás estaba sentado, en su Trono, todos callaron y el Príncipe de las Tinieblas hablo.
“Me cago en todos esos mierdas” El príncipe de las Tinieblas siempre usaba un lenguaje poco apropiado para su posición, pero obviamente nadie se quejaba, nadie se atrevía a quejarse “¿Se puede saber que cojones hacíais para que se os subieran a la chepa? Ahora todo se ha ido a tomar por culo, me largo del cielo para tener mi propio tinglado y me lo desmontáis así”
“Señor no es culpa nuestra, nosotros teníamos planes de contingencia preparados pero…”
“Oh Cállate” Satanás apunto con el dedo al Coordinador de Personal y este estallo en llamas verdes, al poco ya no quedaba mas que un montoncito de cenizas en la silla. “Esto esta perdido, no le demos mas vueltas. No podemos recuperar el infierno, así que tenemos que, como se dice, a si exiliarse, ¿estaréis contentos no?” Miro a cada uno de los presentes, todos bajaron la vista sin atreverse a mirar a su jefe. “Pues da la casualidad de que Yo no estoy contento, así que me largo a la Tierra, el único lugar donde puedo exilarme. Pero vosotros os quedáis aquí, creo que los Condenados han aprendido a usar las maquinas, os toca sufrir los Tormentos a vosotros, por listos.”
Todos se quedaron sorprendidos, habían dado por supuesto que se irían con Satanás a la Tierra, no en vano eran los miembros del consejo de Administración.
“Que os den” dijo Satanás mientras se desvanecía en una nube de polvo, dejando la estancia en silencio, en ese momento los Administradores oyeron como los Condenados entraban en palacio.

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