Las levas del Rey Caledan. Parte III
Los abanderados tocaron los cuernos de guerra, señal de que la batalla había empezado oficialmente. Como respuesta, desde el bosque, alguna bestia infernal profirió un alarido espeluznante, que hizo que se me erizara el pelo y un sudor frío me recorriese la espalda. Y entonces apreciaron. Del linde del bosque comenzó a brotar una marea monstruosa y el olor nauseabundo se acrecentó. Aquellas criaturas abismales comenzaron a correr hacia nosotros de forma desorganizada, enloquecida, apartándose unas a otras para ser las primeras en llegar a nosotros. Estaba claro que carecían de un plan de batalla, pero también estaba claro que nos superaban en número.
El sargento ordeno prepararnos. Adelanté mi pie derecho, y coloque el asta de la lanza apoyado en el, apuntando la punta hacia delante, a la altura de mi cabeza. Tal y como me habían enseñado. Me fije que la punta de mi lanza temblaba y me di cuenta de que todo yo era un mar de temblores. Los demonios seguían acercándose. Sus chillidos y gritos llegaban a nosotros. El sargento gritaba que aguantáramos. Un hombre de mi unidad soltó su lanza y salió corriendo de forma precipitada entre los soldados. Un oficial de infantería lo detuvo antes de que causara mas alboroto y desestabilizara la formación. Y con un rápido movimiento le clavo la espada directamente en el corazón. El infeliz murió en el acto. Una vez empezada la batalla la huida era considerada traición. Ajenos a todo esto los demonios seguían su precipitada carrera. Ya casi los teníamos encima. Una lluvia de flechas voló sobre nosotros en dirección a la horda. El sargento gritaba algo, pero yo no oía nada. Una de esas criaturas se abalanzo sobre mi lanza. Apreté los puños. Cerré los ojos. Pensé en mi esposa.
El impacto fue terrible, y aun no sé como conseguí mantenerme en pie. Cuando abrí los ojos vi que una de esas nauseabundas criaturas estaba ensartada en mi lanza, pero no estaba muerta. La criatura era más alta que un humano, por eso la lanza se le había clavado en el estomago. De su herida brotaba una sangre negra y pestilente que casi me hace vomitar. Su piel era verdosa, y llena de un pelo negro e hirsuto. Poseía cuatro brazos, dos de ellos acabados en garras y los otro dos en manos grotescamente grandes. Su rostro era achatado, casi se diría que aplastado, carecía de nariz, y su boca era una obertura de encías retraídas y colmillos desiguales. Sus ojos eran totalmente negros, como dos pozos de negrura insondable. Quede paralizado ante aquella visión de pesadilla. Momento que aprovecho el monstruo para intentar liberarse de mi lanza. Asió el asta con sus dos manos, y para mi sorpresa, en lugar de arrancársela de las entrañas, se la clavo aun más. Dio dos pasos hacia mí, y entonces vi sus dos garras, que intentaban alcanzarme. La enloquecida bestia prefería infringirse aun más daño si con ello conseguía matarme. Hasta tal punto llegaba el odio de los demonios hacia las gentes de la superficie. Ante aquel acto de locura solo pude retroceder. Lo hice rápidamente impulsado por el temor. Al retroceder conseguí sacar la lanza del estomago del demonio y arrebatársela de las manos. Esto fue debido a que mis manos, agarrotadas por el terror, aun asían con fuerza la lanza. Al verse libre del empalamiento el monstruo se abalanzó otra vez hacia mí. Aun a día de hoy no se qué fue lo que me empujo a alzar la lanza. Quizás fue el miedo, en acto reflejo de autoprotección, tal vez un momento de lucidez, o puede que simple casualidad. Pero alcé aquella lanza, que fue a clavarse en el cuello de la criatura. Rápidamente retire el arma, por miedo a que el demonio volviera a agarrar el mástil y me la arrebatase. Cuando la punta salió del cuello del enemigo un chorro de sangre negra emano incesante de la herida. La bestia se llevo las manos al cuello, e intento tomar bocanadas de aire. Cayo de rodillas, y con su último aliento intento golpearme con sus dos garras, pero por suerte con poco acierto. Yo, llevado por una febril locura inducida por el miedo, clave repetidas veces la lanza en el rostro y pecho de aquel demonio. Aun cuando este se derrumbo de bruces ante mi continúe ensartándolo, hasta que algo en el fondo de mi mente me dijo que ya estaba muerto.
Entonces alcé la vista y mire a mí alrededor. Y vi el caos. Los demonios habían conseguido romper nuestras líneas en su primer embate. La mayoría de campesinos habían muerto. Otros muchos yacían en el suelo, no sabía si estaban vivos o muertos. Algunos agonizaban en el suelo con terribles heridas y solo unos pocos continuaban luchando. Los campesinos habíamos cumplido nuestra parte, ser los primeros en caer. El resto del ejército seguía luchando. Vi a caballeros luchando contra varios demonios a la vez, despachándolos sin demasiado problema. Los hermanos silenciosos luchaban de forma metódica y eficiente. Aun así vi a muchos de nuestro bando muertos. Un caballero yacía inmóvil bajo su caballo, al que habían seccionado el cuello de un zarpazo. Los arqueros que no habían podido huir estaban tendidos allí donde habían caído. Oí un chillido a mis espaldas y al girarme una de esas criaturas saltaba hacia mí. Esta era más pequeña que la que me había atacado, pero no por ellos menos terrible. Su piel estaba llena de pústulas supurantes, y carecía de pelo. Eso es todo lo que pude ver, pues en el salto choco conmigo y me envió al suelo. El demonio quedo encima mío. Creí que mi final estaba cerca, y a diferencia de lo que la gente suele decir mi vida no desfilo ante mis ojos ni me invadieron los recuerdos. Aquella criatura era todo lo que ocupaba mi visión y mis pensamientos. Entonces algo choco con la criatura y la alejo de mí. Era uno de los hermanos de la Orden de la espada silenciosa, y me pareció ver un aura resplandeciente rodeando su figura, aunque quizás suele fuese una alucinación provocada por el golpe contra el suelo al caer y la terrible situación en la que me encontraba. El demonio volvió a levantarse, pero el sacerdote le propino una patada que lo devolvió al suelo, y rápidamente clavo su espada en el pecho de la criatura, matándola en el acto. Cortó entonces la cabeza y la recogió, introduciéndola en un saco que llevaba bien sujeto a la espalda.
Volvieron a sonar los cuernos de batalla. Mire hacia la llanura y vi que venía otra oleada de demonios. Recogí mi lanza y me situé en mi posición. Para mi sorpresa los que se pusieron a mi lado no eran campesinos, si no soldados profesionales, con sus petos de acero, sus cascos reglamentarios y sus picas, que hacían que mi lanza pareciera un juguete. Me miraron extrañado, como si no esperaran ver a un campesino que, después de haber sobrevivido a la primera oleada, se volviera a colocar en primera línea. El que tenía a mi derecha me miro, y con una voz desprovista de toda emoción me dijo que hiciera exactamente lo que dijera el capitán, que debía luchar como el resto de la unidad o los pondría en peligro a todos. Asentí con la cabeza, y espere estar a la altura. Los demonios se acercaban, y los soldados estaban quietos, con la mirada fija al frente. El capitán rugió una orden. ¡Fijad objetivo! Todos los soldaos apuntalaron la lanza, apoyada en el pie y, aunque no cambiaron su mirada, estaba seguro que tenían ya un objetivo de entre esos monstruos. Yo apuntale la lanza, y busque entre la gran masa de monstruos, para mi sorpresa y mi consternación, estos demonios no parecían tan desorganizados como la anterior carga. Parecían más humanos, aunque grotescamente retorcidos, y portaban armas ponzoñosas. Cuando los enemigos estaban ya a escasos centímetros de nuestras lanzas el capitán dio otra orden. ¡Ataque! Todos los soldados dieron un paso al frente mientras lanzaban una estocada con la pica, hice lo mismo, aunque con un segundo de retraso. Quede impresionado cuando todos los soldados consiguieron, al unísono, derribar a su enemigo de una estocada precisa. Pero más sorprendido quede cuando mi propia lanza se hundió en el pecho de uno de aquellos hombres deformes y como la punta atravesaba su pútrido cuerpo. ¡Paso atrás! todos dimos un paso atrás, esta vez casi no se noto la diferencia de movimiento entre los soldados y yo. Al dar un paso atrás nuestras picas quedaron libres y los enemigos se desplomaron. Pero había más demonios detrás. ¡Ataque! Se repitió la operación, paso al frente y estocada. ¡Paso atrás! Más enemigos muertos. ¡Ataque! y ¡Paso atrás! Los muertos entorpecían el avance de los demonios. La cuarta oleada detuvo su carga, viendo la suerte de los otros. El capitán no lo dudo ni un segundo y con un grito atronador dio la orden de carga. Todos los soldados salieron corriendo hacia delante, con la punta de la lanza a la altura del pecho de los enemigos. Yo hice lo propio, sin saber que haría una vez chocáramos con los enemigos y la formación se rompiese. Pero en aquellos instantes no me sentía como un campesino forzado a ir a la guerra.
Se produjo el choque, y mi lanza se clavo profundamente en la carne del demonio. Tire de mi arma y la libere. Pero antes de morir el demonio tuvo tiempo de asestar un golpe con su espada. Pude esquivarlo por poco, pero en mi torpe defensa interpuse el asta de la lanza en la trayectoria de la espada, y como es lógica la madera cedió y se rompió la lanza. Me encontraba desarmado, en una formación dispersa y rodeado de una cruenta batalla. Hasta aquí había llegado mi suerte. Algo me golpeo en el costado y sentí un dolor terrible recorrer todo mi cuerpo. Caí el suelo y vi como la sangre brotaba del terrible tajo que acababa de recibir. Una sombra me tapo el sol. Ante mi estaba uno de esos demonios, con la espada aun goteante de mi sangre. Alzo su arma para asestar el golpe final. Intente alejarme de él cómo pude, y en mí huida mi mano toco algo familiar, mire de reojo y vi el asta de una lanza. Agarre la madera, no sabía si era una lanza entera o un trozo roto. Pero era mi única esperanza. Lancé una estocada con lo que pensaba que era el extremo punzante. Y para mi suerte así fue. La punta de la pica se clavo en el estomago del demonio. Tuvo un momento de sorpresa al verse atacado por lo que creía una víctima fácil. Momento que aproveche para realizar otra estocada, está dirigida al pecho. Se derrumbo y murió. Pero yo aun no estaba a salvo, aunque había conseguido otra arma tenía una herida sangrante en el costado. Arranque parte de la túnica de un mago, que yacía muerto no lejos del lugar donde yo había matado al demonio, y tape la herida como pude, aunque sabía que eso no salvaría mi vida. Seguí luchando como pude, y recibí algunas heridas más, aunque no tan graves como la del costado. No sé cuánto tiempo paso, pero el sol estaba ya bastante alto cuando llegaron los gigantescos demonios.
La batalla estaba cambiando de rumbo. Se abrían espacios al ir cayendo los demonios y los hombres. El suelo estaba plagado de cadáveres y esto permitió avanzar a las bestias gigantes, tres veces más altas que el hombre más alto. Los soldados que quedaban se reorganizaban para acabar con esos gigantes infernales. Vi uno, no lejos de donde me encontraba, un demonio enorme, con dos poderosas piernas que aplastaban a los soldados, dos brazos terminados en garras enormes y lo más perturbador de todo, de donde debería haber estado el rostro surgía una especie de trompa, y a lo largo de este horrible apéndice surgían espinas de hueso afilado. El demonio zarandeaba su trompa y ensartaba a los soldados. El solo había acabado con más de un batallón, y pocos eran ya los que se atrevían a hacerle frente. Un caballero realizo una carga contra el inmenso demonio. Pero no consiguió golpearlo y el probóscide espinoso del monstruo golpeo al caballo, dejándolo herido mortalmente, y haciendo que el caballero cayese de la silla. Automáticamente salió un mago al encuentro del monstruo. Era un hechicero joven, e imberbe, no se adaptaba a la imagen que tenia de los magos, a los que siempre imagine con largas barbas y avanzada edad. Pero ahí estaba ese joven mago, haciendo frente el solo a un demonio de dimensiones desproporcionadas. Aunque empezó a tener problemas, ya que la bestia no paraba de lanzarle ataques, y el mago no podía hacer otra cosa que esquivar. Sin poder acabar de leer el pergamino que tenía en las manos el mago no podía hacer gran cosa contra el demonio.
Me di cuenta de que el demonio podía acabar con el mago en cualquier momento. Y no sé porque pensé en mi familia, y en que les podría pasar si una de esas bestias llegaba hasta ellos. Sabía que no podía vencer a aquel demonio, pero quizás si daba tiempo al mago este podría derrotarlo. Sujete mi lanza con fuerza, me encomendé a los dioses, y me lance a la carga contra el monstruo. Sabía que moriría, pero si con ello conseguía que ese demonio fuese derrotado y no alcanzase a mi familia habría valido la pena. Al fin y al cabo nos reclutaron para morir en lugar de soldados valiosos. El demonio no se percato de mi insignificante presencia hasta que la lanza impacto contra su cuerpo, rompiéndose al intentar penetrar la dura piel de la criatura. El demonio se giro hacia mí, tan inmenso como era me tapo toda la visión. Ese descomunal cuerpo seria lo último que vería en mi vida. Me agarro del brazo izquierdo, me alzo sobre el suelo, y me zarandeo. El dolor era irresistible, y chille, parecía un cochinillo el día de la matanza, y como tal seria descuartizado y devorado. Oí como algo se rompía, un dolor recorrió todo mi cuerpo y me di cuenta de que estaba volando, rápidamente, en dirección al suelo. Choque contra la hierba ensangrentada del campo de batalla, el golpe fue terrible y tarde unos segundos en ser consciente de mi situación. Al intentar levantarme volví a caer, y entonces fue cuando me di cuenta de que el motivo de verme libre de la presa del demonio era que, mi brazo izquierdo había desaparecido. El monstruo me había cortado el brazo a la altura del codo, quizás por una de sus púas, quizás por el zarandeo. Con la caída la herida del costado volvía a sangrar con profusión. Sentía que las fuerzas me abandonaban. Note un estallido de luz detrás de mí. Como pude me gire, y vi al enorme demonio rodeado de lo que parecía ser una red de relámpagos. Sin duda el mago había podido completar su hechizo. Veía que el demonio se retorcía de dolor mientras caía de rodillas y emitía un infernal bramido. Pero el hechizo ceso, y la bestia se disponía a levantarse para perseguir al hechicero. Pero no llego a hacerlo, mi visión se estaba volviendo borrosa, y notaba como la cabeza me daba vueltas. Pero vi una figura enfundada en una armadura, que trepo por la espalda del demonio y clavo su espada en la nuca de este. Entonces me desmaye.
Desperté tendido en el suelo, sobre una sabana. Mis heridas habían sido tratadas. La herida del costado estaba cosida y el muñón cerrado al fuego. Aun me dolía la cabeza. Intente incorporarme y me arrepentí al instante. Me dolía todo el cuerpo, como nunca me había dolido. Un sacerdote se me acerco al ver que estaba consciente. Me dio agua y me dijo que permaneciera tumbado hasta haber recuperado las fuerzas. Creo que estuve todo el día y la noche tumbado en aquella sabana. Pero después del reposo y de comer algo me sentía con más fuerzas. Así que al amanecer pude incorporarme y andar por mi propio pie, aunque con dificultad. El sacerdote me dijo que la batalla había acabado, habíamos vencido, y que podía volver a casa. Me dijo también que antes pasara por intendencia, le pregunte donde estaba eso y me señalo un pabellón, con una larga procesión de soldados entrando y saliendo. Me puse a la cola, bajo la mirada extrañada de los soldados. Y al cabo de dos horas entre por fin al pabellón. Allí dentro había una mesa, un oficial sentado frente a ella, fardos de comida y un cofre. El oficial me miro de hito a hito. Me pregunto mi nombre y cuál era mi unidad. Le dije mi nombre, y que pertenecía a las levas campesinas. El oficial me dijo que pocos campesinos habían sobrevivido a la batalla, y que de los supervivientes pocos llegarían a sus hogares por culpa de sus heridas. Podía sentirme afortunado por haber perdido solo un brazo. Me dijo que el Rey Caledan era generoso para los que luchaban en sus ejércitos, y que por haber luchado en esa batalla me correspondía una recompensa. La recompensa consistió en unas pocas raciones de comida y en una moneda de oro. Jamás en la vida había visto una moneda de oro. Recogí mi recompensa, y tras preguntar un poco emprendí el camino de vuelta a la capital junto a un nutrido grupo de soldados. El camino de vuelta fue más tranquilizador, pues ya no teníamos un temor atenazando nuestras almas.
Al llegar a Batar me adentre en la ciudad, que antes había estado vedada para mi, y comprobé que aunque sus murallas eran impresionantes su interior dejaba mucho que desear. Con excepción quizás del palacio real, que se divisaba en la parte más alta de la ciudad. Decidí gastar la fortuna que había ganado tras la batalla, al principio solo pretendía comprar un buey, que me ayudase en las tareas del campo ahora que había perdido un brazo, pero al final me deje ir, quien sabia cuando volvería a estar en la capital con tanto dinero para gastar. Así que compre un vestido precioso para mi mujer, para que lo luciera en la fiesta de la cosecha, también le compre uno de esos perfumes que usan las damas de la corte, y a los niños les compre juguetes nuevos. Para mi compre el buey, y en una locura de derroche, una carreta. Al final del día solo me quedaban cinco monedas de plata y tres de cobre. Más que suficiente para pasar una temporada. Y con la carreta, el buey, los regalos y una gran historia que contar me dirigí, por fin, a la seguridad de mi hogar.
lunes, 25 de abril de 2011
martes, 19 de abril de 2011
El fin del Shogunato ¿pero no había una guerra?
Hace unos días vi un documental sobre el final del Shogunato Tokugawa en Japón. Un tema que me interesa por mi gusto por la historia, mi interés por Japón y mi afición al mundo de los samuráis. Por todo esto el documental no me pillaba de nuevas, ya me conocía la historia por así decirlo, pero aun así lo vi porque siempre puedes aprender algo nuevo.
Gran error.
El documental empieza bien, narrando la llegada de la flota americana a la costa japonesa en 1853 y como dio el ultimátum de los Estados Unidos a Japón de abrir sus fronteras al comercio, y de cómo anuncia que en un año volvería para firmar ese tratado o obligar por el uso de las armas a firmarlo. También explica bien como la sociedad Japonesa se dividió entre los que querían firmar el tratado y los que preferían mantener su aislamiento aunque tuviesen que morir para ello, una mentalidad muy japonesa la de morir por una causa todo sea dicho.
Después el documental cambia y digamos que… se lo inventan todo.
Según el documental el tratado fue firmado por el Shogun sin demasiada reticencia y comenzó una serie de reformas que acabarían con la abdicación del Shogun y la disolución de la casta samurai, haciendo entrar a Japón en una nueva era de progreso… que bonito y pacifico. Y que lógico que unos tipos que han tenido el poder político en Japón durante 250 años decidan renunciar a el porque si, mas aun cuando son una casta militar orgullosa y entrenada.
Como podréis imaginar la cosa no fue exactamente así, hubo batallas, muchas muertes y el shogunato no se rindió hasta el final. La cosa fue más o meno así:
Cuando el Comodoro Perry dio el ultimátum a Japón la sociedad se dividió, como ya he dicho, ente los que decían que si y los que decían que no (supongo que alguno diría que tal vez, pero ese no interesa XD), el Shogun Tokugawa Yoshinobu se oponía a firmar el tratado, pues acabaría con su gobierno autoritario sobre Japón. Pero Mutsuhito, el Emperador Meiji, era partidario de firmar, porque veía una oportunidad de recuperar el poder político que había perdido la figura del emperador con la instauración del shogunato. El resultado fue que cuando los americanos volvieron en 1854 firmaron el tratado tratado de Kanagawa, un acuerdo intermedio que abría dos puertos japoneses al comercio, pero los Estados Unidos querían mas, y vieron que apoyando al emperador Mutsuhito podrían hacer que Japón fuese un aliado en Asia. Así empezó una guerra entre los partidarios del Emperador, armados y entrenados por los americanos, y los partidarios del Shogun, tradicionalistas y que contaba con la mayoría de samuráis de Japón. Tras una serie de batallas, y unas disputas internas entre los partidarios del Shogun, la guerra llego a su fin, con la rendición del Shogunato en 1868. Fue entonces cuando se disolvió la casta samurai, lo que conllevo rebeliones y algunas batallas mas pues estos no estaban dispuestos a perder sus privilegios.
Como veis no es el final idílico que plantea el documental, es un final mas sangriento, pero es lógico cuando se intenta destruir un régimen de 250 años, afianzado en el poder gracias a una casta guerrera, no es lógico que se rindan fácilmente.
Una muestra de esta época en el cine, dentro de que es ficción y que la película puede estar mas o menos bien hecha, es el film de “El ultimo Samurai”, donde se ve el apoyo de Estados Unidos al emperador y la reticencia de los Samuráis a perder sus privilegios.
Gran error.
El documental empieza bien, narrando la llegada de la flota americana a la costa japonesa en 1853 y como dio el ultimátum de los Estados Unidos a Japón de abrir sus fronteras al comercio, y de cómo anuncia que en un año volvería para firmar ese tratado o obligar por el uso de las armas a firmarlo. También explica bien como la sociedad Japonesa se dividió entre los que querían firmar el tratado y los que preferían mantener su aislamiento aunque tuviesen que morir para ello, una mentalidad muy japonesa la de morir por una causa todo sea dicho.
Después el documental cambia y digamos que… se lo inventan todo.
Según el documental el tratado fue firmado por el Shogun sin demasiada reticencia y comenzó una serie de reformas que acabarían con la abdicación del Shogun y la disolución de la casta samurai, haciendo entrar a Japón en una nueva era de progreso… que bonito y pacifico. Y que lógico que unos tipos que han tenido el poder político en Japón durante 250 años decidan renunciar a el porque si, mas aun cuando son una casta militar orgullosa y entrenada.
Como podréis imaginar la cosa no fue exactamente así, hubo batallas, muchas muertes y el shogunato no se rindió hasta el final. La cosa fue más o meno así:
Cuando el Comodoro Perry dio el ultimátum a Japón la sociedad se dividió, como ya he dicho, ente los que decían que si y los que decían que no (supongo que alguno diría que tal vez, pero ese no interesa XD), el Shogun Tokugawa Yoshinobu se oponía a firmar el tratado, pues acabaría con su gobierno autoritario sobre Japón. Pero Mutsuhito, el Emperador Meiji, era partidario de firmar, porque veía una oportunidad de recuperar el poder político que había perdido la figura del emperador con la instauración del shogunato. El resultado fue que cuando los americanos volvieron en 1854 firmaron el tratado tratado de Kanagawa, un acuerdo intermedio que abría dos puertos japoneses al comercio, pero los Estados Unidos querían mas, y vieron que apoyando al emperador Mutsuhito podrían hacer que Japón fuese un aliado en Asia. Así empezó una guerra entre los partidarios del Emperador, armados y entrenados por los americanos, y los partidarios del Shogun, tradicionalistas y que contaba con la mayoría de samuráis de Japón. Tras una serie de batallas, y unas disputas internas entre los partidarios del Shogun, la guerra llego a su fin, con la rendición del Shogunato en 1868. Fue entonces cuando se disolvió la casta samurai, lo que conllevo rebeliones y algunas batallas mas pues estos no estaban dispuestos a perder sus privilegios.
Como veis no es el final idílico que plantea el documental, es un final mas sangriento, pero es lógico cuando se intenta destruir un régimen de 250 años, afianzado en el poder gracias a una casta guerrera, no es lógico que se rindan fácilmente.
Una muestra de esta época en el cine, dentro de que es ficción y que la película puede estar mas o menos bien hecha, es el film de “El ultimo Samurai”, donde se ve el apoyo de Estados Unidos al emperador y la reticencia de los Samuráis a perder sus privilegios.
lunes, 18 de abril de 2011
Relato: Las levas del Rey Caledan. Parte II
Las levas del Rey Caledan. Parte II
Por el camino se nos unieron más tropas. La orden de las Espadas Silenciosas, una orden de clérigos guerreros que hacían voto de silencio hasta que llevaban al templo la cabeza de mil enemigos. Los Altos Magos de Arcania. Y más levas, más campesinos armados.
Pero no fue hasta la tercera semana que llegaron los elfos. Yo nunca había visto un elfo hasta la fecha, de hecho nunca había visto un no-humano. Ver las tropas elficas en marcha era un espectáculo en sí mismo. Todos con sus elaboradas armaduras rojas, sus estandartes, con esa escritura elfica tan enrevesada e hipnótica, y todos avanzando al unisonó, con un paso que, de tan acompasado que era, parecía un solo hombre repetido múltiples veces, en lugar del millar de guerreros que eran en realidad. Días después, oí a un caballero comentar que los efos nos acompañaban a la guerra en cumplimiento a un antiguo tratado firmado con los reyes humanos. Nunca antes me había sentido tan feliz por la política de los altos señores.
Durante los siguientes días estuve observando a los elfos durante los momentos de acampada. Y me di cuenta que, aunque a simple vista, los elfos parecían humanos había muchas diferencias entre ellos y nosotros. Eran ligeramente más altos que la mayoría de humanos, claro que había humanos mucho más altos que ellos. Su cabello también difería del nuestro, no sabría explicarlo, pero era como si siempre estuviera liso, sin enredos, ni apelmazado, simplemente estaba siempre perfecto. Y he de decir que no vi a ningún elfo con el pelo rizado. Pero aunque el pelo lacio era común a todos los elfos no lo eran los colores. Las tonalidades iban desde el negro más oscuro, que parecía absorber la luz misma, unos cabellos rojizos que se confundían con la armadura de su portador, y otros tonos de rojo más claro, casi como el naranja del atardecer, los castaños más puros que haya visto en mi vida y unos cabellos dorados que rivalizaban con el sol del mediodía. Sus ojos eran ligeramente más estrechos que los nuestros, y escondían una mirada intensa, enigmática, y que nunca pude mantener más de unos pocos segundos sin sentirme indigno de estar observando a un ser de tal perfección. Por supuesto también estaban sus orejas. Ligeramente puntiagudas, aunque me las había imaginado más grandes, influenciado por las historias que me contaba mi abuela.
Pero no solo era su aspecto lo que hacía de los elfos una gente extraña y cautivadora. Sus movimientos eran fluidos, precisos y nunca había un atisbo de duda en ellos. A su lado los humanos parecíamos torpes y desmañados. Su forma de combatir también era diferente. No luchaban con espada y escudo o con armas largas de dos manos como los ejércitos humanos. Ellos combatían con dos espadas cortas, ligeramente curvas y más anchas en su punta que en la unión de la hoja y el mango, o bien con una lanza corta con una punta fina. Su forma de luchar era armoniosa, fluida y letal. Cuando entrenaban parecía un baile más que un combate, hasta que uno de los dos combatientes acababa en el suelo o bien con la punta de la lanza apuntando a su cuello o corazón.
Su lenguaje también era diferente, no entendía ni una palabra, pero no me cansaba de escucharlo. Nunca he podido repetir ni una palabra de aquel idioma. No sonaba como ninguno de los idiomas humanos, era más suave, musical y agradable al oído. Una vez oyes hablar a un elfo te das cuenta de la rudeza con la que hablamos los hombres.
Los estuve observando durante días. Hasta que conseguí reunir el valor para hablar con uno de ellos. Me acerque a él con cierto temor, y siendo consciente de mi torpeza de campesino. Le llame señor elfo, no sabía su nombre, ni su rango y me pareció apropiado. El elfo se giro hacia mí, y me miro. No dijo nada, solo me miro, con esos ojos penetrantes e inquietantes. Le pregunte si me podía enseñar a luchar con la lanza como hacían ellos. Sé que me entendía, pues había visto a los elfos hablar con los caballeros. Pero este no me dijo nada. Entonces alguien me cogió de la ropa y me arrastro lejos de aquel elfo, mientras le pedía disculpas por mi estupidez. Me llevo lejos del elfo y estuvo una hora recriminando mi comportamiento. No recuerdo lo insultos, aunque seguro que eran muy imaginativos y punzantes. Pero si que recuerdo una cosa que dijo. Que los guerreros elfos eran la elite de los varones de la nobleza. Solo los mejores de entre los señores elfos y sus herederos marchaban hacia la guerra y que no hablaban con simples campesinos, el hecho de haber hablado con uno de ellos directamente ya era un insulto, y que tenia suerte de seguir vivo. No era como en los ejércitos humanos, una mezcolanza de caballeros de noble cuna, sacerdotes guerreros, mercenarios curtidos y campesinos con lanzas. En los ejércitos elfos solo estaban los mejores, aquellos que se preparaban toda la vida para la guerra. Entonces envidie a los campesinos elfos, caso de haberlos, pues ellos estarían ahora en su hogar, con su familia, ajenos al terror al cual nos dirigíamos.
En los días que quedaron de camino no volví a acercarme a un elfo. En los últimos días de viaje abandonamos las montañas y colinas y nos adentremos en las fértiles llanuras del norte. El camino fue menos duro, pero solo para el cuerpo, pues la visión de pueblos destruidos y campos calcinados, nos llenaba el alma de terror. Finalmente llegamos a una gran explanada, y nos ordenaron preparar el campamento, cosa que era extraño pues aun ano había caído el sol. Cuando un hombre de la unidad pregunto al sargento porque acampábamos tan temprano el curtido soldado nos miro, y por primera vez en su mirada no había rabia, odio o asco. Por primera vez nos miraba como un igual, de hombre a hombre, de soldado a soldado. Y con voz queda nos dijo que habíamos llegado al lugar de la batalla, que los demonios avanzaban hacia esta explanada, y que llegarían al día siguiente. Cuando el campamento estuvo montado los caballeros descansaron. No así nosotros, a las levas campesinas se les ordeno cavar zangas en lugares determinados de la vasta explanada, y llenarlas con estacas. También se nos ordeno levantar parapetos de tierra y transportar las piezas de las armas de asedio hacia el lugar donde serian colocadas. El trabajo no fue terminado hasta bien entrada la noche. Nos dijeron que fuéramos a dormir las pocas horas que teníamos. Yo intente dormir, pero me fue imposible. Y no era por el incesante martilleo de los ingenieros montando, a toda prisa, las gigantescas ballestas y catapultas. No podía dormir por la inminente batalla. El saber que al salir el sol me enfrentaría a una horda incontable de demonios, cuyo único deseo era la muerte de todos los humanos, atemorizaba mi alma más allá de cualquier otro miedo que hubiera sentido en mi vida. Pero no era el único que estaba desvelado aquella noche. Todo el campamento estaba salpicado por hogueras, y alrededor de estas hogueras los soldados. Todos hablaban en voz baja, no para evitar despertar a los pocos que dormían, si no por miedo a que sus voces acelerase la llegada de los demonios. Incluso los elfos estaban despiertos, aunque no me sonaba haberlos visto dormir en todo el viaje.
Poco antes del amanecer llegaron los jinetes de la avanzadilla, y al instante nos ordenaron que nos preparáramos y nos pusiéramos en formación. Los demonios ya estaban aquí. El sargento pasó revista, faltaban cuatro hombres. El sargento comento que había cuatro nuevos fugitivos en el reino, y que la justicia del rey daría buena cuenta de ellos. En aquel momento pensé que quizás yo debería ser el quinto, podría haber huido y permanecer escondido en los bosques. Pero rápidamente me di cuenta de que aquello no serviría de nada. Si ganábamos nosotros nunca podría volver con mi familia o seria apresado y ejecutado. Si ganaban los demonios, bueno en ese caso no habría ninguna familia con la que volver ni lugar seguro en el reino. Quedarme allí y luchar era la única opción que tenia. La única opción posible desde que llegaron los reclutadores al pueblo.
Marchamos en formación hasta la posición asignada para nuestra unidad. En el flanco izquierdo de la batalla, pero no en el extremo. Y tal como nos habíamos temido todos, en primera línea de combate. Entre nosotros y los demonios solo habría la llanura, y las puntas de nuestras lanzas. El resto del ejército se fue colocando poco a poco. Detrás nuestro se coloco un batallón de Espadas Silenciosas, y detrás de estos un grupo de arqueros. A nuestros lados había más campesinos. Éramos la parte prescindible del ejército. No lejos de nosotros divise un grupo de caballeros, que intentaban calmar a sus monturas, que sin duda habían captado el olor de los demonios. No pude ver elfos cerca, y aunque mis experiencias con los elfos no fueron buenas hubiera preferido tenerlos cerca en la batalla. Desde mi posición se podía ver la tremenda extensión del ejército, el extremo del flanco derecho del ejercito casi se perdía de vista. Nunca en la vida había visto tanta gente junta. En ese momento una punzada de miedo me hizo pensar si, aun con la gran cantidad de gente allí reunida, habría suficiente para ganar la batalla.
El sargento nos hablo, mientras mantenía la mirada fija en los bosques del otro lado de la explanada, nos dijo que en este día no éramos campesinos, que los demonios no nos verían así, que debíamos ser guerreros y que en nuestra mano estaba salir vivos de allí y volver a ver a nuestras familias.
Después vino el silencio. Nadie decía nada y solo se oía la respiración de los nerviosos caballos, el tintineo de las armaduras mientras los soldados se movían inquietos en su posición y la brisa que hacía ondear los estandartes. De repente el viento cambio de rumbo, y notemos el olor. Los primeros en notarlos fueron los caballos, que se pusieron más nerviosos y causaron problemas a sus jinetes, pero al poco todos los presentes pudieron percibirlo. Era un olor rancio, agrio y pútrido. El olor de la muerte.
Por el camino se nos unieron más tropas. La orden de las Espadas Silenciosas, una orden de clérigos guerreros que hacían voto de silencio hasta que llevaban al templo la cabeza de mil enemigos. Los Altos Magos de Arcania. Y más levas, más campesinos armados.
Pero no fue hasta la tercera semana que llegaron los elfos. Yo nunca había visto un elfo hasta la fecha, de hecho nunca había visto un no-humano. Ver las tropas elficas en marcha era un espectáculo en sí mismo. Todos con sus elaboradas armaduras rojas, sus estandartes, con esa escritura elfica tan enrevesada e hipnótica, y todos avanzando al unisonó, con un paso que, de tan acompasado que era, parecía un solo hombre repetido múltiples veces, en lugar del millar de guerreros que eran en realidad. Días después, oí a un caballero comentar que los efos nos acompañaban a la guerra en cumplimiento a un antiguo tratado firmado con los reyes humanos. Nunca antes me había sentido tan feliz por la política de los altos señores.
Durante los siguientes días estuve observando a los elfos durante los momentos de acampada. Y me di cuenta que, aunque a simple vista, los elfos parecían humanos había muchas diferencias entre ellos y nosotros. Eran ligeramente más altos que la mayoría de humanos, claro que había humanos mucho más altos que ellos. Su cabello también difería del nuestro, no sabría explicarlo, pero era como si siempre estuviera liso, sin enredos, ni apelmazado, simplemente estaba siempre perfecto. Y he de decir que no vi a ningún elfo con el pelo rizado. Pero aunque el pelo lacio era común a todos los elfos no lo eran los colores. Las tonalidades iban desde el negro más oscuro, que parecía absorber la luz misma, unos cabellos rojizos que se confundían con la armadura de su portador, y otros tonos de rojo más claro, casi como el naranja del atardecer, los castaños más puros que haya visto en mi vida y unos cabellos dorados que rivalizaban con el sol del mediodía. Sus ojos eran ligeramente más estrechos que los nuestros, y escondían una mirada intensa, enigmática, y que nunca pude mantener más de unos pocos segundos sin sentirme indigno de estar observando a un ser de tal perfección. Por supuesto también estaban sus orejas. Ligeramente puntiagudas, aunque me las había imaginado más grandes, influenciado por las historias que me contaba mi abuela.
Pero no solo era su aspecto lo que hacía de los elfos una gente extraña y cautivadora. Sus movimientos eran fluidos, precisos y nunca había un atisbo de duda en ellos. A su lado los humanos parecíamos torpes y desmañados. Su forma de combatir también era diferente. No luchaban con espada y escudo o con armas largas de dos manos como los ejércitos humanos. Ellos combatían con dos espadas cortas, ligeramente curvas y más anchas en su punta que en la unión de la hoja y el mango, o bien con una lanza corta con una punta fina. Su forma de luchar era armoniosa, fluida y letal. Cuando entrenaban parecía un baile más que un combate, hasta que uno de los dos combatientes acababa en el suelo o bien con la punta de la lanza apuntando a su cuello o corazón.
Su lenguaje también era diferente, no entendía ni una palabra, pero no me cansaba de escucharlo. Nunca he podido repetir ni una palabra de aquel idioma. No sonaba como ninguno de los idiomas humanos, era más suave, musical y agradable al oído. Una vez oyes hablar a un elfo te das cuenta de la rudeza con la que hablamos los hombres.
Los estuve observando durante días. Hasta que conseguí reunir el valor para hablar con uno de ellos. Me acerque a él con cierto temor, y siendo consciente de mi torpeza de campesino. Le llame señor elfo, no sabía su nombre, ni su rango y me pareció apropiado. El elfo se giro hacia mí, y me miro. No dijo nada, solo me miro, con esos ojos penetrantes e inquietantes. Le pregunte si me podía enseñar a luchar con la lanza como hacían ellos. Sé que me entendía, pues había visto a los elfos hablar con los caballeros. Pero este no me dijo nada. Entonces alguien me cogió de la ropa y me arrastro lejos de aquel elfo, mientras le pedía disculpas por mi estupidez. Me llevo lejos del elfo y estuvo una hora recriminando mi comportamiento. No recuerdo lo insultos, aunque seguro que eran muy imaginativos y punzantes. Pero si que recuerdo una cosa que dijo. Que los guerreros elfos eran la elite de los varones de la nobleza. Solo los mejores de entre los señores elfos y sus herederos marchaban hacia la guerra y que no hablaban con simples campesinos, el hecho de haber hablado con uno de ellos directamente ya era un insulto, y que tenia suerte de seguir vivo. No era como en los ejércitos humanos, una mezcolanza de caballeros de noble cuna, sacerdotes guerreros, mercenarios curtidos y campesinos con lanzas. En los ejércitos elfos solo estaban los mejores, aquellos que se preparaban toda la vida para la guerra. Entonces envidie a los campesinos elfos, caso de haberlos, pues ellos estarían ahora en su hogar, con su familia, ajenos al terror al cual nos dirigíamos.
En los días que quedaron de camino no volví a acercarme a un elfo. En los últimos días de viaje abandonamos las montañas y colinas y nos adentremos en las fértiles llanuras del norte. El camino fue menos duro, pero solo para el cuerpo, pues la visión de pueblos destruidos y campos calcinados, nos llenaba el alma de terror. Finalmente llegamos a una gran explanada, y nos ordenaron preparar el campamento, cosa que era extraño pues aun ano había caído el sol. Cuando un hombre de la unidad pregunto al sargento porque acampábamos tan temprano el curtido soldado nos miro, y por primera vez en su mirada no había rabia, odio o asco. Por primera vez nos miraba como un igual, de hombre a hombre, de soldado a soldado. Y con voz queda nos dijo que habíamos llegado al lugar de la batalla, que los demonios avanzaban hacia esta explanada, y que llegarían al día siguiente. Cuando el campamento estuvo montado los caballeros descansaron. No así nosotros, a las levas campesinas se les ordeno cavar zangas en lugares determinados de la vasta explanada, y llenarlas con estacas. También se nos ordeno levantar parapetos de tierra y transportar las piezas de las armas de asedio hacia el lugar donde serian colocadas. El trabajo no fue terminado hasta bien entrada la noche. Nos dijeron que fuéramos a dormir las pocas horas que teníamos. Yo intente dormir, pero me fue imposible. Y no era por el incesante martilleo de los ingenieros montando, a toda prisa, las gigantescas ballestas y catapultas. No podía dormir por la inminente batalla. El saber que al salir el sol me enfrentaría a una horda incontable de demonios, cuyo único deseo era la muerte de todos los humanos, atemorizaba mi alma más allá de cualquier otro miedo que hubiera sentido en mi vida. Pero no era el único que estaba desvelado aquella noche. Todo el campamento estaba salpicado por hogueras, y alrededor de estas hogueras los soldados. Todos hablaban en voz baja, no para evitar despertar a los pocos que dormían, si no por miedo a que sus voces acelerase la llegada de los demonios. Incluso los elfos estaban despiertos, aunque no me sonaba haberlos visto dormir en todo el viaje.
Poco antes del amanecer llegaron los jinetes de la avanzadilla, y al instante nos ordenaron que nos preparáramos y nos pusiéramos en formación. Los demonios ya estaban aquí. El sargento pasó revista, faltaban cuatro hombres. El sargento comento que había cuatro nuevos fugitivos en el reino, y que la justicia del rey daría buena cuenta de ellos. En aquel momento pensé que quizás yo debería ser el quinto, podría haber huido y permanecer escondido en los bosques. Pero rápidamente me di cuenta de que aquello no serviría de nada. Si ganábamos nosotros nunca podría volver con mi familia o seria apresado y ejecutado. Si ganaban los demonios, bueno en ese caso no habría ninguna familia con la que volver ni lugar seguro en el reino. Quedarme allí y luchar era la única opción que tenia. La única opción posible desde que llegaron los reclutadores al pueblo.
Marchamos en formación hasta la posición asignada para nuestra unidad. En el flanco izquierdo de la batalla, pero no en el extremo. Y tal como nos habíamos temido todos, en primera línea de combate. Entre nosotros y los demonios solo habría la llanura, y las puntas de nuestras lanzas. El resto del ejército se fue colocando poco a poco. Detrás nuestro se coloco un batallón de Espadas Silenciosas, y detrás de estos un grupo de arqueros. A nuestros lados había más campesinos. Éramos la parte prescindible del ejército. No lejos de nosotros divise un grupo de caballeros, que intentaban calmar a sus monturas, que sin duda habían captado el olor de los demonios. No pude ver elfos cerca, y aunque mis experiencias con los elfos no fueron buenas hubiera preferido tenerlos cerca en la batalla. Desde mi posición se podía ver la tremenda extensión del ejército, el extremo del flanco derecho del ejercito casi se perdía de vista. Nunca en la vida había visto tanta gente junta. En ese momento una punzada de miedo me hizo pensar si, aun con la gran cantidad de gente allí reunida, habría suficiente para ganar la batalla.
El sargento nos hablo, mientras mantenía la mirada fija en los bosques del otro lado de la explanada, nos dijo que en este día no éramos campesinos, que los demonios no nos verían así, que debíamos ser guerreros y que en nuestra mano estaba salir vivos de allí y volver a ver a nuestras familias.
Después vino el silencio. Nadie decía nada y solo se oía la respiración de los nerviosos caballos, el tintineo de las armaduras mientras los soldados se movían inquietos en su posición y la brisa que hacía ondear los estandartes. De repente el viento cambio de rumbo, y notemos el olor. Los primeros en notarlos fueron los caballos, que se pusieron más nerviosos y causaron problemas a sus jinetes, pero al poco todos los presentes pudieron percibirlo. Era un olor rancio, agrio y pútrido. El olor de la muerte.
lunes, 11 de abril de 2011
Relato: Las levas del Rey Caledan. Parte I
Las levas del Rey Caledan. Parte I
Aun recuerdo el día en que todo empezó. Era un tórrido día de verano. Los hombres del pueblo estábamos atareados en reparar el molino del río, dado que la última tormenta había provocado una riada que rompió las palas.
Oímos los caballos mucho antes de que se divisaran por el camino. Era un grupo de veinte jinetes, caballeros novicios de la Orden de la Hidra. Reunieron en la plaza a todo el pueblo. Mostraron un pergamino, con lo que nos dijeron que era el sello real, y anunciaron que el Ejercito Demoniaco había penetrado la frontera norte del reino. Todos los presentes sabíamos lo que aquello significaba. Pero aun así se creó una gran consternación cuando los caballeros anunciaron, con toda la pompa que requieren esos anuncios, que se reclutaba a todo hombre en edad de combatir. Nos dieron cuatro horas para recoger aquello que quisiéramos llevarnos, despedirnos de nuestras familias y rezar a los dioses. Lamentablemente en el pueblo solo teníamos una pequeña capilla a Diosa de los campos, lo que no dio mucha paz espiritual ante los aciagos acontecimientos que se acercaban. Lo peor fue despedirme de mi familia. Intente confórtalos, decirles que no pasaría nada, que solo serian unos meses y que estaría de vuelta para la cosecha. Pero cuando mire a mi mujer vi en su mirada que ella esperaba lo peor.
Nos pusimos en marcha al mediodía, una larga fila de campesinos con fardos, escoltada por caballeros en brillantes armaduras. Una larga fila de padres, hijos y hermanos que dejaban su hogar, a sus familias, y que marchaban a la guerra. Escoltados por jóvenes caballeros fanáticos cuya mayor gloria seria morir en nombre de su Rey y su Orden. Campesinos y caballeros. Temerosos y valientes. De aquello se conformaba aquel desfile de hombres, que avanzaban sin descanso bajo el ardiente sol del verano.
Fueron cinco días de marcha hasta llegar al Gran Camino, que nos llevaría hasta Batar, la capital del reino. Donde, según nos habían contado los caballeros, nos reuniríamos con el resto del ejército para continuar hacia el norte. Al tercer día de viaje por el Gran Camino llegamos a Reüle, la ciudad de los templos, donde se nos permitió hacer un alto para rezar a dioses más apropiados que la Diosa de los Campos. Dos días después divisamos las murallas de Batar. Había oído, en las canciones que cantan los juglares que a veces aparecen por el pueblo, que las murallas de Batar eran impresionantes y brillantes, pero nada me había preparado para tanta belleza. Las murallas eran de piedra clara, adornando su superficie se veían mosaicos hechos con oro y plata. Me fije en uno especialmente, mostraba a un rey del pasado, del cual no sabía su nombre, enfrentándose a un dragón. El cuerpo del rey estaba hecho de plata, su armadura y armas de oro. El dragón era una figura inmensa hecha con una piedra azul muy brillante, y sus ojos eran de rubíes, que refulgían como el fuego a la luz del atardecer. Nos detuvimos a las puertas de la ciudad, unas puertas enormes de pesado metal, que resulto ser hierro recubierto de plata según me dijeron más tarde, y donde también se veían unos relieves hechos con oro, esmeraldas y rubíes, que representaban a dos reyes del pasado. Todo ellos causaba un sobrecogedor efecto, el ver unas puertas de plata y oro guardando una ciudad, protegida por una muralla de increíble belleza, hacía pensar que una vez pasadas las puertas entrarías en un paraíso de oro y joyas, donde a nadie le faltaría de nada y donde todo el mundo sería feliz. Una gran diferencia con el poblado de casas de madera, y suelo embarrado, donde tenías que pelear con el suelo en cada estación para arrancarle algo de alimento para llevar a tu familia.
No pude comprobar si el interior de la ciudad era tan hermoso como sus murallas, ya que nos acamparon al exterior de la ciudad y no se nos permitía entrar en ella. Pero por la gente que salía de ella, que vestía ropas bastante comunes, y por los olores, que eran todo menos refinados y perfumados, que provenían de la ciudad cuando el viento soplaba del oeste, pude deducir que el interior de la ciudad no era tan impresionante como sus murallas, y que su gente no vivía en un mar de abundancia.
Estuvimos allí acampados cuatro días mientras seguían llegando tropas, algunas entrenadas y otras levas campesinas como nosotros. En esos días nos dieron el equipamiento que llevaríamos en la batalla, que consistía en un simple peto de cuero, un gorro del mismo material y una lanza larga. Era eso todo lo que teníamos para sobrevivir a una horda de demonios. También nos dijeron cual sería nuestra posición en la batalla, nos dijeron que posiblemente fuese en primera fila, en un flanco, junto a las tropas de infantería armadas con alabardas. Nos instruyeron en las ordenes básicas de batalla y el uso de la lanza, pero sobretodo nos enseñaron a marchar, parecía que solo la marcha podría derrotar a los demonios viendo el énfasis que ponía el sargento de instrucción en ella.
La mañana en que partimos despertó con fanfarria de trompetas y gritos del gentío. El sargento nos ordeno que nos preparásemos para marchar, y cuando ya estábamos preparados en fila de cuatro los vimos salir por la puerta. Era una procesión de caballeros ataviados con sus mejores armaduras. Los yelmos no eran menos impresionantes, algunos estaban decorados con penachos de vivos colores, otros con figuras de animales y bestias y otros eran toda una máscara elaborada para asemejarse a algunas figuras de bestias míticas o animales. De las lanzas ondeaban un sinfín de estandartes, de las muchas regiones de las cuales se componía el reino, y de las muchas órdenes de paladines que habían acudido a la llamada del Rey Caledan. Todos ellos llevaban alguna flor o prenda, entregada por las damas de la ciudad a modo de despedida. A nosotros, las levas campesinas, ni nos habían dejado entrar en la ciudad, mucho menos habíamos recibido los ánimos y vítores de los ciudadanos. Solo teníamos nuestro peto de cuero, mas gastado de lo necesario, nuestro casco de piel, que era más molesto que útil, y nuestra lanza, la que apenas habíamos empezado a aprender a usar. Y por supuesto teníamos el recuerdo, el saber que teníamos un hogar al que volver, con esposa e hijos. Con campos que arar, y vidas tranquilas que vivir. Era aquello por lo que realmente luchábamos.
Mientras pensaba en mi hogar apareció en el centro de aquella formación la figura más majestuosa que se pueda imaginar. Con una armadura plateada que reflejaba la luz matutina en todas las direcciones. Con un yelmo coronado, la corona en si ya era esplendorosa, una cinta de oro que rodeaba el casco, de la cual brotaban cuatro puntas de plata, cada una con joyas engastadas, rubíes, esmeraldas, lapislázuli y amatistas. Creí entrever algo grabado en la armadura, pero la luz reflejada me cegaba y no supe ver que figura habían cincelado. Este jinete de ensueño montaba un caballo no menos impresionante. Una montura de un pelaje blanco impecable, y una crin casi plateada de lo blanca que era, a la que le habían hecho trenzas con hilo de oro. Su gualdrapa era de seda, de un rojo intenso, con el escudo real bordado a cada lado con seda blanca. También en blanco habían bordado filigranas decorativas. Todo el conjunto era, simplemente, impresionante.
Alguien de la formación comento que estaba emocionado por ver al rey. El sargento le mando callar, y comento, con su típico tono ofensivo, que unos andrajosos campesinos como nosotros no tendrían la suerte de ver al rey, que esa figura montada a caballo y con la lustrosa armadura no era el rey, si no el príncipe Itir, el tercer hijo del Rey Caledan. Me sentí un poco decepcionado, pero comprendí que el sargento tenía razón, solo éramos unos campesinos reclutados para luchar, para morir, en el ejercito del Rey Caledan, eso no nos daba derecho a ver a nuestro señor. Teníamos por delante seis semanas de marcha hacia el norte.
Aun recuerdo el día en que todo empezó. Era un tórrido día de verano. Los hombres del pueblo estábamos atareados en reparar el molino del río, dado que la última tormenta había provocado una riada que rompió las palas.
Oímos los caballos mucho antes de que se divisaran por el camino. Era un grupo de veinte jinetes, caballeros novicios de la Orden de la Hidra. Reunieron en la plaza a todo el pueblo. Mostraron un pergamino, con lo que nos dijeron que era el sello real, y anunciaron que el Ejercito Demoniaco había penetrado la frontera norte del reino. Todos los presentes sabíamos lo que aquello significaba. Pero aun así se creó una gran consternación cuando los caballeros anunciaron, con toda la pompa que requieren esos anuncios, que se reclutaba a todo hombre en edad de combatir. Nos dieron cuatro horas para recoger aquello que quisiéramos llevarnos, despedirnos de nuestras familias y rezar a los dioses. Lamentablemente en el pueblo solo teníamos una pequeña capilla a Diosa de los campos, lo que no dio mucha paz espiritual ante los aciagos acontecimientos que se acercaban. Lo peor fue despedirme de mi familia. Intente confórtalos, decirles que no pasaría nada, que solo serian unos meses y que estaría de vuelta para la cosecha. Pero cuando mire a mi mujer vi en su mirada que ella esperaba lo peor.
Nos pusimos en marcha al mediodía, una larga fila de campesinos con fardos, escoltada por caballeros en brillantes armaduras. Una larga fila de padres, hijos y hermanos que dejaban su hogar, a sus familias, y que marchaban a la guerra. Escoltados por jóvenes caballeros fanáticos cuya mayor gloria seria morir en nombre de su Rey y su Orden. Campesinos y caballeros. Temerosos y valientes. De aquello se conformaba aquel desfile de hombres, que avanzaban sin descanso bajo el ardiente sol del verano.
Fueron cinco días de marcha hasta llegar al Gran Camino, que nos llevaría hasta Batar, la capital del reino. Donde, según nos habían contado los caballeros, nos reuniríamos con el resto del ejército para continuar hacia el norte. Al tercer día de viaje por el Gran Camino llegamos a Reüle, la ciudad de los templos, donde se nos permitió hacer un alto para rezar a dioses más apropiados que la Diosa de los Campos. Dos días después divisamos las murallas de Batar. Había oído, en las canciones que cantan los juglares que a veces aparecen por el pueblo, que las murallas de Batar eran impresionantes y brillantes, pero nada me había preparado para tanta belleza. Las murallas eran de piedra clara, adornando su superficie se veían mosaicos hechos con oro y plata. Me fije en uno especialmente, mostraba a un rey del pasado, del cual no sabía su nombre, enfrentándose a un dragón. El cuerpo del rey estaba hecho de plata, su armadura y armas de oro. El dragón era una figura inmensa hecha con una piedra azul muy brillante, y sus ojos eran de rubíes, que refulgían como el fuego a la luz del atardecer. Nos detuvimos a las puertas de la ciudad, unas puertas enormes de pesado metal, que resulto ser hierro recubierto de plata según me dijeron más tarde, y donde también se veían unos relieves hechos con oro, esmeraldas y rubíes, que representaban a dos reyes del pasado. Todo ellos causaba un sobrecogedor efecto, el ver unas puertas de plata y oro guardando una ciudad, protegida por una muralla de increíble belleza, hacía pensar que una vez pasadas las puertas entrarías en un paraíso de oro y joyas, donde a nadie le faltaría de nada y donde todo el mundo sería feliz. Una gran diferencia con el poblado de casas de madera, y suelo embarrado, donde tenías que pelear con el suelo en cada estación para arrancarle algo de alimento para llevar a tu familia.
No pude comprobar si el interior de la ciudad era tan hermoso como sus murallas, ya que nos acamparon al exterior de la ciudad y no se nos permitía entrar en ella. Pero por la gente que salía de ella, que vestía ropas bastante comunes, y por los olores, que eran todo menos refinados y perfumados, que provenían de la ciudad cuando el viento soplaba del oeste, pude deducir que el interior de la ciudad no era tan impresionante como sus murallas, y que su gente no vivía en un mar de abundancia.
Estuvimos allí acampados cuatro días mientras seguían llegando tropas, algunas entrenadas y otras levas campesinas como nosotros. En esos días nos dieron el equipamiento que llevaríamos en la batalla, que consistía en un simple peto de cuero, un gorro del mismo material y una lanza larga. Era eso todo lo que teníamos para sobrevivir a una horda de demonios. También nos dijeron cual sería nuestra posición en la batalla, nos dijeron que posiblemente fuese en primera fila, en un flanco, junto a las tropas de infantería armadas con alabardas. Nos instruyeron en las ordenes básicas de batalla y el uso de la lanza, pero sobretodo nos enseñaron a marchar, parecía que solo la marcha podría derrotar a los demonios viendo el énfasis que ponía el sargento de instrucción en ella.
La mañana en que partimos despertó con fanfarria de trompetas y gritos del gentío. El sargento nos ordeno que nos preparásemos para marchar, y cuando ya estábamos preparados en fila de cuatro los vimos salir por la puerta. Era una procesión de caballeros ataviados con sus mejores armaduras. Los yelmos no eran menos impresionantes, algunos estaban decorados con penachos de vivos colores, otros con figuras de animales y bestias y otros eran toda una máscara elaborada para asemejarse a algunas figuras de bestias míticas o animales. De las lanzas ondeaban un sinfín de estandartes, de las muchas regiones de las cuales se componía el reino, y de las muchas órdenes de paladines que habían acudido a la llamada del Rey Caledan. Todos ellos llevaban alguna flor o prenda, entregada por las damas de la ciudad a modo de despedida. A nosotros, las levas campesinas, ni nos habían dejado entrar en la ciudad, mucho menos habíamos recibido los ánimos y vítores de los ciudadanos. Solo teníamos nuestro peto de cuero, mas gastado de lo necesario, nuestro casco de piel, que era más molesto que útil, y nuestra lanza, la que apenas habíamos empezado a aprender a usar. Y por supuesto teníamos el recuerdo, el saber que teníamos un hogar al que volver, con esposa e hijos. Con campos que arar, y vidas tranquilas que vivir. Era aquello por lo que realmente luchábamos.
Mientras pensaba en mi hogar apareció en el centro de aquella formación la figura más majestuosa que se pueda imaginar. Con una armadura plateada que reflejaba la luz matutina en todas las direcciones. Con un yelmo coronado, la corona en si ya era esplendorosa, una cinta de oro que rodeaba el casco, de la cual brotaban cuatro puntas de plata, cada una con joyas engastadas, rubíes, esmeraldas, lapislázuli y amatistas. Creí entrever algo grabado en la armadura, pero la luz reflejada me cegaba y no supe ver que figura habían cincelado. Este jinete de ensueño montaba un caballo no menos impresionante. Una montura de un pelaje blanco impecable, y una crin casi plateada de lo blanca que era, a la que le habían hecho trenzas con hilo de oro. Su gualdrapa era de seda, de un rojo intenso, con el escudo real bordado a cada lado con seda blanca. También en blanco habían bordado filigranas decorativas. Todo el conjunto era, simplemente, impresionante.
Alguien de la formación comento que estaba emocionado por ver al rey. El sargento le mando callar, y comento, con su típico tono ofensivo, que unos andrajosos campesinos como nosotros no tendrían la suerte de ver al rey, que esa figura montada a caballo y con la lustrosa armadura no era el rey, si no el príncipe Itir, el tercer hijo del Rey Caledan. Me sentí un poco decepcionado, pero comprendí que el sargento tenía razón, solo éramos unos campesinos reclutados para luchar, para morir, en el ejercito del Rey Caledan, eso no nos daba derecho a ver a nuestro señor. Teníamos por delante seis semanas de marcha hacia el norte.
jueves, 7 de abril de 2011
Los verdaderos espartanos
Supongo que muchos de vosotros habréis visto la película “300” dirigida por Zack Snyder, y que es una adaptación de la novela grafica del mismo nombre escrita por Frank Millar. Si no habéis visto la película o no habéis leído la novela grafica, ¿a que estáis esperando? ¡Ir de inmediato a ello insensatos!
El caso es que en esas obras se nos muestra una sociedad Espartana idílica, sin esclavitud, de gente fuerte y aguerridos espartanos, tanto mujeres como hombres. Una sociedad donde ser considerado ciudadano otorgaba un estatus de “perfección” en relación al resto de gentes foráneas. Pues incluso entre los griegos se nos presenta a los espartanos como superiores, mas preparados para la guerra, y de moral mas recta.
Estos espartanos son perfectos, según sus cánones, por seguir una serie de ritos sociales que descartas a los débiles. Como el ritual de descartar a los niños deformes al nacer, o el ritual de la Agoge, que preparaba al niño desde la infancia para ser un formidable guerrero. Los que sobrevivían y llegaban a la edad adulta eran espartanos de verdad, y por tanto, mejores que cualquier otro que no hubiese seguido esos ritos.
En la obra se nos muestra como 300 espartanos son capaces de retener al ejecito persa, innumerable en comparación, durante tres días en el paso de las Termophilas. Gracias a sus superiores aptitudes de combate y su cuerpo y mentes perfectos. En contraposición, el ejército espartano esta compuesto por esclavos, extranjeros y gentes deformadas, mostrando así la diferencia entre la perfección espartana y el resto del mundo. Al final los espartanos son derrotados (no es un spoiler, es historia XD) pero su férrea resistencia conmueve el corazón de los griegos que acaban derrotando a los persas en la batalla de Platea.
Todo muy épico, todo muy conmovedor, y sangriento.
Pero todo falso… bueno casi todo.
No niego que tanto la novela grafica como la película son espectaculares. El tratamiento grafico, el juego de colores y los guiones de vaciladas espartanas son buenos, realmente recomiendo verlo pues seguro que pasas un buen rato.
Pero pasemos ahora a los hechos históricos, comparándolos con la obra de ficción.
Para empezar en la Esparta de esa época, La segunda Guerra Medica, del 481 A.C al 479 A.C, en Esparta había dos reyes. Cosa normal en esta ciudad que durante la mayor parte de su existencia tuvo dos reyes, uno de la dinastía Agiadas y otro de la dinastía de los Euripontidas. Por tanto Leonidas no era rey de Esparta, o mas bien lo era pero junto a Leotiquidas, siendo Leonidas de los Agidas y Leotiquidas de los Euripontes.
Por tanto Leonidas no podía tomar decisiones unilaterales, pues tenía que contar con el apoyo de la asamblea y del otro rey.
Además en Esparta había cuatro clases sociales diferenciadas. Los Espartiatas, que eran los únicos que tenían derechos políticos, eran la elite privilegiada de la sociedad y trazaban su linaje hasta el pueblo Dorio, eran los Ciudadanos y recibían tierras, esclavos y tenían derecho a la educación espartana.
Después estaban los Periecos, estos eran los habitantes de la periferia, mercaderes y artesanos que habían sido sometidos por esparta de manera no violenta. Son libres pero no poseen derechos políticos. Podían acceder a ciertos derechos, como la educación espartana para sus hijos, a trabes de meritos en la guerra
Por debajo de estos se encuentran los Ilotas, eran los descendientes de las comunidades campesinas sometidas por la fuerza. No eran esclavos, pero pertenecían al estado. Estaban adscritos a la tierra que cultivaban, no podían mudarse, pero no se podía comerciar con ellos, es decir, no podían venderlos pues no eran esclavos.
Por ultimo se encontraban los esclavos, que no eran considerados una clase social en si, si no más bien una propiedad, que solo podían tener los ciudadanos normalmente.
En la película también se habla de los Eforos, que tienen pinta de monjes deformes, lascivos y corruptos. En realidad los Eforos eran cinco magistrados elegidos por la asamblea como contrapunto al poder de los reyes. Su mandato duraba un año y no eran reelegibles.
Como se puede ver la sociedad espartana real y la mostrada en las obras de ficción son muy diferentes. Esto se nos muestra así porque esas obras están explicadas desde el punto de vista de la épica que se forma a partir de los mitos sobre esparta. Y por tanto solo muestran la mejor cara de esta.
Respecto al tema del descarte de niños según deformidades y la Agoge, en este casi si que es cierto. Cuando un niño de los Espartiatas, es decir de los ciudadanos, nacía era examinado por un grupo de ancianos, si se le veía débil o deforme era considerado una boca inútil para la ciudad y arrojado a un barranco al pie del monte Taigeto.
Y la Agoge era el sistema de educación espartano para los ciudadanos. A los siete o cinco años, según la época, los niños eran dispuestos bajo el mando de un magistrado especial, que los entrenaba hasta los 20 años para crear soldados eficientes y obedientes, que luchan por su ciudad más que por su supervivencia o gloria personal. El entrenamiento era durísimo, solo se les daba una túnica al año, sin mantas para el invierno y tenían que ir descalzos. El sustento tenía que buscárselo ellos mismos. Los que sobrevivían eran considerados ciudadanos y pasaban a formar parte de la elite política de la ciudad.
Así que en estos dos aspectos las obras de ficción no van muy desencaminadas.
Pasemos ahora a analizar la batalla de las Termophilas. Según la película y la novela, es el rey Leonidas el que decide ir allí con 300 de sus hombres, imposibilitadote ir con mas por la traición de los Eforos. Y por el camino se encuentra con los Arcadios. Usados en un momento de la batalla para causar confusion.
En la historia real la batalla de las Termophilas fue planteada por el general ateniense Temistocles como el punto donde se debía frenar el avance terrestre de los persas, junto al estrecho de Artemiso, que supondría el tapón para que la armada persa no avanzara hasta las costas griegas. Aquí ya se puede ver que la historia no es tan épica, pero aun hay más.
En las Termophilas se reunió un ejército de griegos, formado por las ciudades de Esparta, Tespias y Tebas. Reuniendo un ejército de unos 7000 soldados. Teniendo en cuenta que soldado era solo aquel que gozara de ciudadanía el número podría ser mayor, solo en el caso espartano cada soldado llevaba consigo dos esclavos a modo de escuderos, y que la batalla hacían funciones de tropas auxiliares.
La batalla duro siete días, tres de ellos de batallas. Y cierto es que el ejercito griego, liderado por Esparta y con Leonidas a la cabeza, consiguió resistir el embate del ejercito persa, cifrado en unos 300.000 soldados.
Pero un habitante de la zona llamado Efialtes, que en la película se nos muestra como un espartano exiliado y deforme, muestra el camino a la retaguardia de los griegos al ejército persa. Viendo esto Leonidas decidió enviar a la mayoría de sus tropas a lugar seguro, quedándose en la batalla 300 espartanos, 700 tepsios y 400 tebanos, un total de 1400 soldados, sin olvidar los esclavos (si es que aun vivían los pobres).
El ejército griego fue derrotado.
Tras esta derrota la armada apostada en Artemisos se retiro a Salamina y los persas pudieron saquear Atenas. Pero los Atenienses contraatacaron con su propia armada y vencieron en la batalla de Salamina.
Esto crea un detalle curioso, los aristócratas, la elite ciudadana, había perdido en las termophilas, y sin embargo la armada, cuyos remos movían esclavos y habitantes sin derechos políticos, salvó Grecia.
Después de la derrota en Salamina Jerjes I se retiro a Persia, dejando a un general y una buena parte de su ejército para acabar la conquista de Grecia. Pero en la batalla de Platea fue derrotado y Grecia había vuelto a resistir la invasión del poderoso Imperio Persa.
Como se puede ver, la película y la novela grafica muestran una batalla y una sociedad espartana idealizadas. Enfatizando el valor y la pericia en combate. Cuando en realidad en el mundo clásico griego se recordó la batalla de Salamina como el momento de la victoria. Ya en época Romana un general del Imperio dijo que Leonidas podría ser un valiente, pero que perdió y que el prefería ganar.
No fue hasta el siglo XIX D.C que la batalla de las Termophilas fue enfatizada como un acto de patriotismo y nacionalismo, del que debían aprender los jóvenes griegos para liberar su tierra del dominio Otomano.
El caso es que en esas obras se nos muestra una sociedad Espartana idílica, sin esclavitud, de gente fuerte y aguerridos espartanos, tanto mujeres como hombres. Una sociedad donde ser considerado ciudadano otorgaba un estatus de “perfección” en relación al resto de gentes foráneas. Pues incluso entre los griegos se nos presenta a los espartanos como superiores, mas preparados para la guerra, y de moral mas recta.
Estos espartanos son perfectos, según sus cánones, por seguir una serie de ritos sociales que descartas a los débiles. Como el ritual de descartar a los niños deformes al nacer, o el ritual de la Agoge, que preparaba al niño desde la infancia para ser un formidable guerrero. Los que sobrevivían y llegaban a la edad adulta eran espartanos de verdad, y por tanto, mejores que cualquier otro que no hubiese seguido esos ritos.
En la obra se nos muestra como 300 espartanos son capaces de retener al ejecito persa, innumerable en comparación, durante tres días en el paso de las Termophilas. Gracias a sus superiores aptitudes de combate y su cuerpo y mentes perfectos. En contraposición, el ejército espartano esta compuesto por esclavos, extranjeros y gentes deformadas, mostrando así la diferencia entre la perfección espartana y el resto del mundo. Al final los espartanos son derrotados (no es un spoiler, es historia XD) pero su férrea resistencia conmueve el corazón de los griegos que acaban derrotando a los persas en la batalla de Platea.
Todo muy épico, todo muy conmovedor, y sangriento.
Pero todo falso… bueno casi todo.
No niego que tanto la novela grafica como la película son espectaculares. El tratamiento grafico, el juego de colores y los guiones de vaciladas espartanas son buenos, realmente recomiendo verlo pues seguro que pasas un buen rato.
Pero pasemos ahora a los hechos históricos, comparándolos con la obra de ficción.
Para empezar en la Esparta de esa época, La segunda Guerra Medica, del 481 A.C al 479 A.C, en Esparta había dos reyes. Cosa normal en esta ciudad que durante la mayor parte de su existencia tuvo dos reyes, uno de la dinastía Agiadas y otro de la dinastía de los Euripontidas. Por tanto Leonidas no era rey de Esparta, o mas bien lo era pero junto a Leotiquidas, siendo Leonidas de los Agidas y Leotiquidas de los Euripontes.
Por tanto Leonidas no podía tomar decisiones unilaterales, pues tenía que contar con el apoyo de la asamblea y del otro rey.
Además en Esparta había cuatro clases sociales diferenciadas. Los Espartiatas, que eran los únicos que tenían derechos políticos, eran la elite privilegiada de la sociedad y trazaban su linaje hasta el pueblo Dorio, eran los Ciudadanos y recibían tierras, esclavos y tenían derecho a la educación espartana.
Después estaban los Periecos, estos eran los habitantes de la periferia, mercaderes y artesanos que habían sido sometidos por esparta de manera no violenta. Son libres pero no poseen derechos políticos. Podían acceder a ciertos derechos, como la educación espartana para sus hijos, a trabes de meritos en la guerra
Por debajo de estos se encuentran los Ilotas, eran los descendientes de las comunidades campesinas sometidas por la fuerza. No eran esclavos, pero pertenecían al estado. Estaban adscritos a la tierra que cultivaban, no podían mudarse, pero no se podía comerciar con ellos, es decir, no podían venderlos pues no eran esclavos.
Por ultimo se encontraban los esclavos, que no eran considerados una clase social en si, si no más bien una propiedad, que solo podían tener los ciudadanos normalmente.
En la película también se habla de los Eforos, que tienen pinta de monjes deformes, lascivos y corruptos. En realidad los Eforos eran cinco magistrados elegidos por la asamblea como contrapunto al poder de los reyes. Su mandato duraba un año y no eran reelegibles.
Como se puede ver la sociedad espartana real y la mostrada en las obras de ficción son muy diferentes. Esto se nos muestra así porque esas obras están explicadas desde el punto de vista de la épica que se forma a partir de los mitos sobre esparta. Y por tanto solo muestran la mejor cara de esta.
Respecto al tema del descarte de niños según deformidades y la Agoge, en este casi si que es cierto. Cuando un niño de los Espartiatas, es decir de los ciudadanos, nacía era examinado por un grupo de ancianos, si se le veía débil o deforme era considerado una boca inútil para la ciudad y arrojado a un barranco al pie del monte Taigeto.
Y la Agoge era el sistema de educación espartano para los ciudadanos. A los siete o cinco años, según la época, los niños eran dispuestos bajo el mando de un magistrado especial, que los entrenaba hasta los 20 años para crear soldados eficientes y obedientes, que luchan por su ciudad más que por su supervivencia o gloria personal. El entrenamiento era durísimo, solo se les daba una túnica al año, sin mantas para el invierno y tenían que ir descalzos. El sustento tenía que buscárselo ellos mismos. Los que sobrevivían eran considerados ciudadanos y pasaban a formar parte de la elite política de la ciudad.
Así que en estos dos aspectos las obras de ficción no van muy desencaminadas.
Pasemos ahora a analizar la batalla de las Termophilas. Según la película y la novela, es el rey Leonidas el que decide ir allí con 300 de sus hombres, imposibilitadote ir con mas por la traición de los Eforos. Y por el camino se encuentra con los Arcadios. Usados en un momento de la batalla para causar confusion.
En la historia real la batalla de las Termophilas fue planteada por el general ateniense Temistocles como el punto donde se debía frenar el avance terrestre de los persas, junto al estrecho de Artemiso, que supondría el tapón para que la armada persa no avanzara hasta las costas griegas. Aquí ya se puede ver que la historia no es tan épica, pero aun hay más.
En las Termophilas se reunió un ejército de griegos, formado por las ciudades de Esparta, Tespias y Tebas. Reuniendo un ejército de unos 7000 soldados. Teniendo en cuenta que soldado era solo aquel que gozara de ciudadanía el número podría ser mayor, solo en el caso espartano cada soldado llevaba consigo dos esclavos a modo de escuderos, y que la batalla hacían funciones de tropas auxiliares.
La batalla duro siete días, tres de ellos de batallas. Y cierto es que el ejercito griego, liderado por Esparta y con Leonidas a la cabeza, consiguió resistir el embate del ejercito persa, cifrado en unos 300.000 soldados.
Pero un habitante de la zona llamado Efialtes, que en la película se nos muestra como un espartano exiliado y deforme, muestra el camino a la retaguardia de los griegos al ejército persa. Viendo esto Leonidas decidió enviar a la mayoría de sus tropas a lugar seguro, quedándose en la batalla 300 espartanos, 700 tepsios y 400 tebanos, un total de 1400 soldados, sin olvidar los esclavos (si es que aun vivían los pobres).
El ejército griego fue derrotado.
Tras esta derrota la armada apostada en Artemisos se retiro a Salamina y los persas pudieron saquear Atenas. Pero los Atenienses contraatacaron con su propia armada y vencieron en la batalla de Salamina.
Esto crea un detalle curioso, los aristócratas, la elite ciudadana, había perdido en las termophilas, y sin embargo la armada, cuyos remos movían esclavos y habitantes sin derechos políticos, salvó Grecia.
Después de la derrota en Salamina Jerjes I se retiro a Persia, dejando a un general y una buena parte de su ejército para acabar la conquista de Grecia. Pero en la batalla de Platea fue derrotado y Grecia había vuelto a resistir la invasión del poderoso Imperio Persa.
Como se puede ver, la película y la novela grafica muestran una batalla y una sociedad espartana idealizadas. Enfatizando el valor y la pericia en combate. Cuando en realidad en el mundo clásico griego se recordó la batalla de Salamina como el momento de la victoria. Ya en época Romana un general del Imperio dijo que Leonidas podría ser un valiente, pero que perdió y que el prefería ganar.
No fue hasta el siglo XIX D.C que la batalla de las Termophilas fue enfatizada como un acto de patriotismo y nacionalismo, del que debían aprender los jóvenes griegos para liberar su tierra del dominio Otomano.
martes, 5 de abril de 2011
Relato: Rebelión. Parte II. Final
Rebelion. Parte II
Era un día soleado en la plaza de San Pedro. Los turistas se hacían fotos, y las palomas revoloteaban por el cielo limpio de nubes. Era un día agradable, y tan bueno como cualquier otro para que el Príncipe de las Tinieblas hiciera su aparición en el mundo mortal. Lo hizo con una enorme nube de polvo negro, que sorprendió a los turistas. Aunque no tardaron en darse cuenta de que aquello no podía ser bueno y comenzaron a correr lejos del humo, aunque no se alejaron demasiado por esa extraña curiosidad morbosa de querer saber que ocurre aunque estés en peligro.
Mientras la nube de polvo se disipaba se empezó a vislumbrar la figura de Satanás, vestido con su mejor traje y con las alas de plumaje negro plegadas en la espalda. En ese momento la gente si que corrió para alejarse de allí, la morbosidad tenía un límite al fin y al cabo. La Guardia Suiza llego, aunque se quedo a cierta distancia sin saber que hacer, Satanás se los quedo mirando, y con la voz más natural del mundo dijo:
“Quiero hablar con el Papa, el podrá comunicarle a Dios mi mensaje, que a mi el de arriba no me habla”
Todo había sido muy raro, pero finalmente el Papa había accedido a hablar con Satanás, por supuesto no estaba solo, la Guardia Suiza, y el ejército Italiano había acordonado la zona y no habían dejado pasar a la prensa.
La reunión se llevaba a cabo en una sala amplia del Vaticano. Satanás estaba sentando en una banda de una larga mesa, rodeado de soldados que lo apuntaban con sus armas. Entonces el Papa, y un gran número de cardenales y obispos, entraron en la sala y se sentaron en la otra parte de la larga mesa, dejando una separación entre ellos y el Príncipe de las Tinieblas.
“Ya era hora de que llegaras, bueno supongo que estaréis intrigados en saber que hago aquí ¿no? Pues bien, vengo a rendirme, los de arriba han ganado, y en cierto modo, vosotros tambien”
Toda la sala quedo sorprendida, durante unos segundos nadie dijo nada. Y entonces de repente la sala estallo en conversas y en expresiones de incredulidad, al final el Papa se hizo escuchar por encima del ruido.
“¿Y como es eso? ¿La Fe al final a derrotado al pecado y volveremos a entrar en el Paraíso?”
“Eso no te lo crees ni tu, que leo el pensamiento. Lo que pasa es que hemos tenido problemillas en el Infierno. Debido a que la humanidad siempre ha sido una panda de pecadores sin remedio ahora nos encontramos con que, esto es vergonzoso” Satanás tomo aire antes de volver a hablar “Los condenados han tomado el control del infierno por simple superioridad numérica”
“¿Que quieres decir con eso? ¿Que ya no hay infierno?” dijo un incrédulo Papa.
“No exactamente, el Infierno sigue existiendo físicamente. Pero las almas de los Condenados ya no son atormentadas como es debido. Ahora hacen fiestas y ríen, a perdido todo su encanto ese lugar”
“Entonces la humanidad ya no debe temer por su condena eterna, el Demonio a sido derrotado.¿Le gustaría decir esas palabras ante la prensa? La humanidad debe saber que es libre del temor a la condenación, que sus almas serán salvadas al fin”
“Claro, diré eso ante la prensa sin problemas pero, a cambio ¿podríais darme algo así como asilo político? Soy un exiliado importante al fin y al cabo”
Paso un año en el cual Satanás no paro de ir de un lugar a otro. De entrevista en entrevista, radio, televisión y prensa escrita, todos se hicieron eco de la noticia del año.
Con todo ese ajetreo Satanás no tenia tiempo de disfrutar de su nueva condición. Y eso que se había hecho construir una mansión a las afueras de Roma, con el dinero aportado por un gran numero de sectas Satánicas, sectas que por cierto acampaban a las puertas de esa mansión. Los vecinos de la urbanización se quejaban del olor a cabra muerta, pero claro nadie se atavía a decirles que dejaran de ofrecer sacrificios a su señor. Y total eran sacrificios inútiles, eran para llamar al Príncipe de los Demonios, con lo fácil que era llamarlo al móvil. Sobretodo después de que una compañía le ofreciera un número que empezaba por 666 a cambio de que hiciera un par de anuncios para ellos, cosa que demostraba que Satanás se estaba adaptando bien al mundo terrenal.
Pero cada año que pasaba la cosa se volvía mas extraña, al contrario de lo que pensaba la Iglesia la gente no se había convertido al cristianismo en masa después de la victoria contra Satanás. Y no corrían jubilosos por las calles elogiando a Dios y Cristo, sino que mas bien la gente estaba dando la espalda a la Iglesia, ¿de que valía una organización que se dedicaba a salvar almas cuando estas no necesitaban ser salvadas? De hecho fue notable el número de eclesiásticos que abandonaron la iglesia para rendirse a los placeres terrenales, sobre todo a los placeres de la carne. Y de forma paulatina la gente empezó a pecar cada vez mas, y el crimen y la corrupción subieron, llegando a crear una importante crisis en algunos países. Lo que condujo a mucha gente a suicidarse para salir de ese lugar, irónicamente buscaban la salvación en el infierno. Cuando en un programa Late Night de una cadena norteamericana se le pregunto a Satanás, el invitado de la noche, sobre que pensaba de esa situación el Príncipe de las Tinieblas se lamento con estas palabras
“Ahora que por fin la gente esta empezando a pecar no estoy yo en Infierno para sacar provecho”.
Cuatro años habían pasado desde que Satanás había aparecido en la Tierra. En ese tiempo las calles de los gethos de Nueva York se habían vuelto si cabe más peligrosas. Y mas aquella noche, la noche en que las bandas mas importantes del lado oeste de Nueva York se habían citado para arreglar el asunto del trafico de drogas en esa parte de la ciudad.
“Muy bien joputa, las cosas son así, nos liamos a tiros. La banda que quede viva se queda el pastel” Dijo el líder de una de las bandas.
“Pos como se han hecho siempre gringo webon”
El tiroteo empezó y al cabo de un rato solo unos pocos de la banda de los hispanos quedaban en pie.
“Ya esta compadres, el negocio es nuestro”
“Ni te lo pienses chicano de mierda” El líder de la banda contraria se había levantado del suelo, con los cinco tiros en el pecho aun supurando
“Pero que mierda es esta webon, te cosí a tiros”
“Si, y me mataste. Pero llegue al infierno y allí había una barrera, me dijeron que no cabíamos mas y me enviaron p’arriba y yo encantado, así puedo volarte el culo” dicho esto disparo contra el líder rival hasta vaciar el cargador, mientras recibía impasible los tiros de la otra banda, sin que estos les afectara nada. Poco a poco los caídos de ambas bandas se fueron levantando, y los que habían sobrevivido al primer tiroteo cayeron muertos, para levantarse poco después y seguir disparando.
La situación se repitió por todo el globo. Los muertos se levantaban y parecían no sentir más dolor, ni hambre, ni frío ni calor. Se comprobó que sus cuerpos no se deterioraban, simplemente estaban allí, y parecía que nada podía afectarles, ya estaban muertos y se habían liberado de sus debilidades mortales.
Esto hizo que el número de suicidios aumentase de manera sorprendente, era la manera más rápida de obtener el estado de inmortalidad. Y esto acabo por derrocar todo el sistema social y económico, ya que los retornados no trabajaban, simplemente se divertían con su nueva condición. En poco mas de un año el numero de retornados superaba al de los vivos, y la mayoría de esos vivos eran los fanáticos religiosos que no habían olvidado la palabra de Dios en todos estos años. Estos fanáticos se reunieron en el vaticano, y rogaron al nuevo Papa que hiciera algo, el anterior se había suicidado y había desaparecido mientras gritaba algo sobre sexo y alcohol. Y estos fanáticos hicieron lo único que sabían hacer, rogaron para que Dios les escuchase y les salvase, llevándoselos al cielo.
Y al final les escucho. El cielo se abrió y una luz ilumino a los congregados, mientras que una voz celestial se podía escuchar por todo el mundo, no solo en aquella región, lo que Dios tenía que decir era para todos.
“La humanidad se ha equivocado, se creía que al no haber nadie en el Infierno estaba a salvo. Pero se equivoco, la condena seguía siendo lo mismo, aunque no se le aplicase castigo. Ahora es demasiado tarde para pedir clemencia, vosotros os habéis buscado esto, así que os doy la espalda y os condeno a una eternidad de sufrimiento”
Toda la humanidad cayo, y en la plaza de San Pedro, donde los pocos creyentes se habían reunido el cielo se cerro y la oscuridad se apodero del lugar, entonces unas palmadas se oyeron, y todos se giraron para ver a Satanás aplaudir en solitario.
“Este Dios siempre tan dramático” dijo con voz burlona y sus palabras volvieron a oírse por todo el mundo “pero ya lo habéis oído, se acabo. La humanidad ya no esta bajo su protección. Acabo de dar la orden a mis Operarios para que dejen de hacer el papel de victimas y retomen el control del Infierno. Los pobres han estado una temporada sin poderes y sufriendo, creo que vendrán con ganas de vengarse. Que divertido va a ser se me pone la piel de gallina solo de pensarlo.” Hizo una pausa para ver la cara de los congregados “¿Sorprendidos? Acaso pensabais que un Operario Infernal podía ser derrotado por las Almas de los Condenados, no, es imposible. Todo era una pantomima, para que esto pasara. Cuando os creíais que estabais a salvo de la condenación os olvidasteis de ser castos y os pusisteis a pecar. Así el Infierno se lleno antes y los condenados anduvieron por la tierra, en ese momento perdisteis el favor de Dios. Ahora os ha condenado a todos, ya no habrá juicio final, o más bien acaba de suceder, y todos habéis sido declarados culpables. Si, yo también hecho en falta las trompetas y esos tipos caballo, pero que le vamos a hacer. En breve mis Operarios subirán aquí y construirán los Centros de Administración de Castigos sobre la tierra, y entonces todos tendréis vuestro castigo. Y para el que crea que los retornados no sienten dolor, se equivocan. Los Operarios Infernales son expertos en administrar dolor. Os olvidasteis de una cosa, soy Satanás, puedo hablar con tacos y hacer entrevistas, salir en anuncios y demás, ¿pero sabéis una cosa? sigo siendo el Príncipe de las Tinieblas y acabo de ganar la partida a Dios con un plan que ha llevado siglos completar. Bienvenidos al Infierno sobre la Tierra.”
Era un día soleado en la plaza de San Pedro. Los turistas se hacían fotos, y las palomas revoloteaban por el cielo limpio de nubes. Era un día agradable, y tan bueno como cualquier otro para que el Príncipe de las Tinieblas hiciera su aparición en el mundo mortal. Lo hizo con una enorme nube de polvo negro, que sorprendió a los turistas. Aunque no tardaron en darse cuenta de que aquello no podía ser bueno y comenzaron a correr lejos del humo, aunque no se alejaron demasiado por esa extraña curiosidad morbosa de querer saber que ocurre aunque estés en peligro.
Mientras la nube de polvo se disipaba se empezó a vislumbrar la figura de Satanás, vestido con su mejor traje y con las alas de plumaje negro plegadas en la espalda. En ese momento la gente si que corrió para alejarse de allí, la morbosidad tenía un límite al fin y al cabo. La Guardia Suiza llego, aunque se quedo a cierta distancia sin saber que hacer, Satanás se los quedo mirando, y con la voz más natural del mundo dijo:
“Quiero hablar con el Papa, el podrá comunicarle a Dios mi mensaje, que a mi el de arriba no me habla”
Todo había sido muy raro, pero finalmente el Papa había accedido a hablar con Satanás, por supuesto no estaba solo, la Guardia Suiza, y el ejército Italiano había acordonado la zona y no habían dejado pasar a la prensa.
La reunión se llevaba a cabo en una sala amplia del Vaticano. Satanás estaba sentando en una banda de una larga mesa, rodeado de soldados que lo apuntaban con sus armas. Entonces el Papa, y un gran número de cardenales y obispos, entraron en la sala y se sentaron en la otra parte de la larga mesa, dejando una separación entre ellos y el Príncipe de las Tinieblas.
“Ya era hora de que llegaras, bueno supongo que estaréis intrigados en saber que hago aquí ¿no? Pues bien, vengo a rendirme, los de arriba han ganado, y en cierto modo, vosotros tambien”
Toda la sala quedo sorprendida, durante unos segundos nadie dijo nada. Y entonces de repente la sala estallo en conversas y en expresiones de incredulidad, al final el Papa se hizo escuchar por encima del ruido.
“¿Y como es eso? ¿La Fe al final a derrotado al pecado y volveremos a entrar en el Paraíso?”
“Eso no te lo crees ni tu, que leo el pensamiento. Lo que pasa es que hemos tenido problemillas en el Infierno. Debido a que la humanidad siempre ha sido una panda de pecadores sin remedio ahora nos encontramos con que, esto es vergonzoso” Satanás tomo aire antes de volver a hablar “Los condenados han tomado el control del infierno por simple superioridad numérica”
“¿Que quieres decir con eso? ¿Que ya no hay infierno?” dijo un incrédulo Papa.
“No exactamente, el Infierno sigue existiendo físicamente. Pero las almas de los Condenados ya no son atormentadas como es debido. Ahora hacen fiestas y ríen, a perdido todo su encanto ese lugar”
“Entonces la humanidad ya no debe temer por su condena eterna, el Demonio a sido derrotado.¿Le gustaría decir esas palabras ante la prensa? La humanidad debe saber que es libre del temor a la condenación, que sus almas serán salvadas al fin”
“Claro, diré eso ante la prensa sin problemas pero, a cambio ¿podríais darme algo así como asilo político? Soy un exiliado importante al fin y al cabo”
Paso un año en el cual Satanás no paro de ir de un lugar a otro. De entrevista en entrevista, radio, televisión y prensa escrita, todos se hicieron eco de la noticia del año.
Con todo ese ajetreo Satanás no tenia tiempo de disfrutar de su nueva condición. Y eso que se había hecho construir una mansión a las afueras de Roma, con el dinero aportado por un gran numero de sectas Satánicas, sectas que por cierto acampaban a las puertas de esa mansión. Los vecinos de la urbanización se quejaban del olor a cabra muerta, pero claro nadie se atavía a decirles que dejaran de ofrecer sacrificios a su señor. Y total eran sacrificios inútiles, eran para llamar al Príncipe de los Demonios, con lo fácil que era llamarlo al móvil. Sobretodo después de que una compañía le ofreciera un número que empezaba por 666 a cambio de que hiciera un par de anuncios para ellos, cosa que demostraba que Satanás se estaba adaptando bien al mundo terrenal.
Pero cada año que pasaba la cosa se volvía mas extraña, al contrario de lo que pensaba la Iglesia la gente no se había convertido al cristianismo en masa después de la victoria contra Satanás. Y no corrían jubilosos por las calles elogiando a Dios y Cristo, sino que mas bien la gente estaba dando la espalda a la Iglesia, ¿de que valía una organización que se dedicaba a salvar almas cuando estas no necesitaban ser salvadas? De hecho fue notable el número de eclesiásticos que abandonaron la iglesia para rendirse a los placeres terrenales, sobre todo a los placeres de la carne. Y de forma paulatina la gente empezó a pecar cada vez mas, y el crimen y la corrupción subieron, llegando a crear una importante crisis en algunos países. Lo que condujo a mucha gente a suicidarse para salir de ese lugar, irónicamente buscaban la salvación en el infierno. Cuando en un programa Late Night de una cadena norteamericana se le pregunto a Satanás, el invitado de la noche, sobre que pensaba de esa situación el Príncipe de las Tinieblas se lamento con estas palabras
“Ahora que por fin la gente esta empezando a pecar no estoy yo en Infierno para sacar provecho”.
Cuatro años habían pasado desde que Satanás había aparecido en la Tierra. En ese tiempo las calles de los gethos de Nueva York se habían vuelto si cabe más peligrosas. Y mas aquella noche, la noche en que las bandas mas importantes del lado oeste de Nueva York se habían citado para arreglar el asunto del trafico de drogas en esa parte de la ciudad.
“Muy bien joputa, las cosas son así, nos liamos a tiros. La banda que quede viva se queda el pastel” Dijo el líder de una de las bandas.
“Pos como se han hecho siempre gringo webon”
El tiroteo empezó y al cabo de un rato solo unos pocos de la banda de los hispanos quedaban en pie.
“Ya esta compadres, el negocio es nuestro”
“Ni te lo pienses chicano de mierda” El líder de la banda contraria se había levantado del suelo, con los cinco tiros en el pecho aun supurando
“Pero que mierda es esta webon, te cosí a tiros”
“Si, y me mataste. Pero llegue al infierno y allí había una barrera, me dijeron que no cabíamos mas y me enviaron p’arriba y yo encantado, así puedo volarte el culo” dicho esto disparo contra el líder rival hasta vaciar el cargador, mientras recibía impasible los tiros de la otra banda, sin que estos les afectara nada. Poco a poco los caídos de ambas bandas se fueron levantando, y los que habían sobrevivido al primer tiroteo cayeron muertos, para levantarse poco después y seguir disparando.
La situación se repitió por todo el globo. Los muertos se levantaban y parecían no sentir más dolor, ni hambre, ni frío ni calor. Se comprobó que sus cuerpos no se deterioraban, simplemente estaban allí, y parecía que nada podía afectarles, ya estaban muertos y se habían liberado de sus debilidades mortales.
Esto hizo que el número de suicidios aumentase de manera sorprendente, era la manera más rápida de obtener el estado de inmortalidad. Y esto acabo por derrocar todo el sistema social y económico, ya que los retornados no trabajaban, simplemente se divertían con su nueva condición. En poco mas de un año el numero de retornados superaba al de los vivos, y la mayoría de esos vivos eran los fanáticos religiosos que no habían olvidado la palabra de Dios en todos estos años. Estos fanáticos se reunieron en el vaticano, y rogaron al nuevo Papa que hiciera algo, el anterior se había suicidado y había desaparecido mientras gritaba algo sobre sexo y alcohol. Y estos fanáticos hicieron lo único que sabían hacer, rogaron para que Dios les escuchase y les salvase, llevándoselos al cielo.
Y al final les escucho. El cielo se abrió y una luz ilumino a los congregados, mientras que una voz celestial se podía escuchar por todo el mundo, no solo en aquella región, lo que Dios tenía que decir era para todos.
“La humanidad se ha equivocado, se creía que al no haber nadie en el Infierno estaba a salvo. Pero se equivoco, la condena seguía siendo lo mismo, aunque no se le aplicase castigo. Ahora es demasiado tarde para pedir clemencia, vosotros os habéis buscado esto, así que os doy la espalda y os condeno a una eternidad de sufrimiento”
Toda la humanidad cayo, y en la plaza de San Pedro, donde los pocos creyentes se habían reunido el cielo se cerro y la oscuridad se apodero del lugar, entonces unas palmadas se oyeron, y todos se giraron para ver a Satanás aplaudir en solitario.
“Este Dios siempre tan dramático” dijo con voz burlona y sus palabras volvieron a oírse por todo el mundo “pero ya lo habéis oído, se acabo. La humanidad ya no esta bajo su protección. Acabo de dar la orden a mis Operarios para que dejen de hacer el papel de victimas y retomen el control del Infierno. Los pobres han estado una temporada sin poderes y sufriendo, creo que vendrán con ganas de vengarse. Que divertido va a ser se me pone la piel de gallina solo de pensarlo.” Hizo una pausa para ver la cara de los congregados “¿Sorprendidos? Acaso pensabais que un Operario Infernal podía ser derrotado por las Almas de los Condenados, no, es imposible. Todo era una pantomima, para que esto pasara. Cuando os creíais que estabais a salvo de la condenación os olvidasteis de ser castos y os pusisteis a pecar. Así el Infierno se lleno antes y los condenados anduvieron por la tierra, en ese momento perdisteis el favor de Dios. Ahora os ha condenado a todos, ya no habrá juicio final, o más bien acaba de suceder, y todos habéis sido declarados culpables. Si, yo también hecho en falta las trompetas y esos tipos caballo, pero que le vamos a hacer. En breve mis Operarios subirán aquí y construirán los Centros de Administración de Castigos sobre la tierra, y entonces todos tendréis vuestro castigo. Y para el que crea que los retornados no sienten dolor, se equivocan. Los Operarios Infernales son expertos en administrar dolor. Os olvidasteis de una cosa, soy Satanás, puedo hablar con tacos y hacer entrevistas, salir en anuncios y demás, ¿pero sabéis una cosa? sigo siendo el Príncipe de las Tinieblas y acabo de ganar la partida a Dios con un plan que ha llevado siglos completar. Bienvenidos al Infierno sobre la Tierra.”
sábado, 2 de abril de 2011
Relato: Rebelión. Parte I
Rebelión. Parte I
Hacia calor, un calor seco y agobiante, y el llevar traje y corbata no ayudaba a aliviarlo. El Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones debería estar acostumbrado, pero aun después de tanto tiempo trabajando en aquel lugar el calor seguía molestándole.
Hizo una pausa en su trabajo y miro por la gran ventana de su despacho mientras se aflojaba la corbata de forma distraída. El paisaje era el mismo de siempre, el gran lago de lava, los chorros de azufre hirviendo en el horizonte y las lejanas figuras de Operarios y Condenados en su ajetreo eterno, el típico paisaje del Infierno, y no hacia mas que acrecentar la sensación de calor.
El intercomunicador sonó con ese irritante pitido acompañado de una luz roja parpadeante. El Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones hubiese preferido no atender la llamada y quedarse dormitando en su sillón, que aunque no era todo lo cómodo que hubiera querido permitía una cabezadita, pero el molesto ruido era insoportable y sabia que la manera mas fácil de hacerlo callar era responder. Así que apretó un botón y la voz de su secretaria surgió del aparato, la misa voz estridente de siempre, el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones se pregunto si en realidad los condenados no eran ellos en lugar de las almas de los Condenados.
“Señor, el Director General de Secciones desea verle, dice que es urgente”
Urgente, siempre, todo era urgente en aquel lugar, y eso que tenían toda la eternidad por delante.
“Hágale pasar, y prepare unas bebidas, ya sabe algo fuerte”
El Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones se reajusto la corbata y ordeno un poco los papeles sobre su mesa, la visita era de alto rango y no quería crear mala impresión, nada bueno le pasaba a aquellos que causaban mala impresión.
La puerta se abrió, y una imponente figura entro, no era excesivamente alto pero la imponente cornamenta sobre su cabeza denotaba una gran posición dentro del sistema. A su lado un pequeño individuo le acompañaba portando un maletín, ambos vestían traje y corbata impolutos y sin una arruga.
“Por favor señores siéntense, en breve traerán algo de beber.”
Los dos invitados tomaron asiento y lanzaron una rápida ojeada al despacho, el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones trago saliva y al instante se arrepintió, desando que nadie se hubiera percatado del gesto.
El Director General de Secciones miro directamente al anfitrión, cuando hablo su voz parecía salida de las profundidades de la tierra, y quizás no fuera una casualidad.
“¿Dígame, cuantas almas entraron en el pasado ciclo?”
Los ciclos, una manera artificial de medir el tiempo que solo usaban los Administradores y Operarios, a los Condenados no se les dejaba medir el tiempo, como parte de su tortura, no era divertido si sabían cuanto tiempo le quedaba para el cambio de condena.
“Deje que revise los papeles un segundo, esta todo anotado” el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones ojeo un par de archivos, y al poco rato respondió, con una voz que traicionaba su nerviosismo, aquella no era una visita normal. “Setecientos veintiocho millones de Almas, un 13% mas que en el ciclo anterior”
En ese momento la secretaria entro con tres copas, y ofreció una a cada uno de los presentes.
“¿Y cuantas Almas se prevé que entraran durante este ciclo?
“Pues, se estima que serán mas de mil millones, ya lo tenemos todo preparado para que ningún Alma se quede en las puertas del infierno mas que el tiempo requerido señor” Demostrar que todo estaba preparado no impresionaría al superior, pero por lo menos no quedaría como un incompetente.
“Ese no es el problema, las puertas del infierno pueden dar paso a muchas mas almas que las esperadas, el problema viene después” sin ningún gesto ni palabra aparente el acompañante tomo la palabra y abrió el maletín.
“Nuestro espacio es limitado, lamentablemente el infinito se lo quedaron los de arriba. Nosotros tuvimos que conformarnos con el inframundo, que aunque es extremadamente grande, no podrá albergar a todas las almas pecadoras de la humanidad, hemos calculado que la totalidad de los Sectores Territoriales será ocupada antes del Juicio Final, y entonces empezaremos a tener problemas de hacinamiento. Que si bien no es problema para las almas Condenadas, al fin y al cabo ellos vienen a sufrir, será un problema para los Operarios. Nadie querrá dejar su Sección de Vivienda para que se construyan Centros de Administración de Castigos.”
El hombre del maletín había dicho todo esto a una velocidad que hizo que el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones no estuviese seguro de haberlo captado bien, pero eso no era todo, el hombre del maletín siguió hablando con la misma velocidad, sin pausas.
“Y también tenemos el problema de numero de Condenados asignado a cada Operario. Puede llegar un punto, mucho antes del hacinamiento, en que el numero de Condenados sea inmanejable por nuestros Operarios, todo un problema como puede ver”
“Sin duda es un problema, ¿pero que tiene que ver conmigo? Yo soy el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones, contabilizo la entrada de Condenados al Infierno, pero hay se acaba mi trabajo” la preocupación en su voz era palpable “Para solucionar ese problema deberían hablar con el Coordinador de Operarios, no conmigo”
Los dos invitados se miraron y una sonrisa burlona surgió en sus rostros.
“Lo hemos hecho” dijo el superior, “Y hemos llegado a la conclusión en que este es un problema demasiado peliagudo como para arriesgar nuestros puestos, así que se lo hemos asignado a usted, ¿supongo que no tiene inconveniente verdad?” Antes de que el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones pudiera responder los dos invitados se levantaron y mientras el Director General de Secciones se dirigía a la salida dijo, “Entonces todo arreglado, tiene 5 ciclos para solucionar el problema o será depuesto de su cargo, y ya sabe lo que le ocurre a los que son depuestos de su cargo. Que pase un buen día”
El Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones vio que ninguno de los invitados había probado la bebida, así que tomo las dos copas y se las bebió de un trago, después apretó el botón para hablar con su secretara.
“Secretaria, quiero una reunión con los coordinadores del departamento de inmediato”
Serian cinco ciclos muy ajetreados, y encima ese maldito calor.
Muchos ciclos habían pasado desde aquella reunión, y el problema seguía sin solucionarse. El puesto de Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones había pasado por muchos operarios y se había convertido en el más impopular de todos los puestos administrativos. Como era de prever el problema de la asignación de Condenados llego antes que el del hacinamiento, cosa que hacia que el Coordinador de Personal empezara a preocuparse porque pronto no podría delegar el problema a otro y acabaría salpicándole. Y así estaban las cosas cuando el Operario de personal Nº 18232 llego a la sección asignada al Operario de Condenados Nº 75289, con dos mil almas mas para la sección.
“Operario de Condenados Nº 75289, esta es la nueva remesa de Condenados para su sección, las placas tienen todos los datos necesario para realizar su trabajo, no se demore”
“¿Cuantas son esta vez?” dijo el Operario mientras se acomodaba el mono de trabajo ante su superior “Le aviso que estoy casi al máximo de capacidad, si me asignan mas Condenados no podré aplicarles el Tormento de forma apropiada”
“Son dos mil almas mas, y mas le vale que no se encuentre con el problema de no poder hacer bien su trabajo, porque entonces el problema lo tendrás usted”
“¿Dos mil más, pero es que en administración no se dan cuenta que cada alma requiere un tiempo de dedicación para conseguir el sufrimiento adecuado? Esto no es tan fácil como parece.”
Lo dos Operarios Infernales continuaron discutiendo durante un rato, gracias a ello dos Condenados consiguieron salvarse de su Tormento momentáneamente, pues el Operario no estaba allí para aplicárselo.
“A saber que están diciendo esos dos cabrones”
El idioma Infernal era algo que no podían entender los condenados, así no podían pedir clemencia en un lenguaje que sus atormentadores pudieran entender, pues los Operarios nunca se preocupaban de aprender el idioma de los Condenados.
“Creo que discuten. Quizás sea porque le dan mas almas, fíjate en ese grupo de nuevos, es el mas numeroso que haya visto en toda mi condena, y llevo aquí mucho tiempo”
“Y que sabrás tu el tiempo que llevas aquí, si no puedes contarlo, no sabes cuantos años llevas aquí”
“Bueno tu ya me entiendes. Pero fíjate que cada vez somos más, y el hijo puta de los cuernos cada vez dedica menos tiempo a cada uno. Si esto sigue así quizás llegue un día en el que no nos pueda torturar a todos.”
“¿Y con tanto tiempo que llevas a aquí y aun tienes esperaza? Venga ya”
“Que te importa a ti lo que yo tenga, pero se me ha ocurrido una cosa, quizás llegue un día en que seamos tantos que podamos superar a los demonios, ¿te imaginas hacernos con el control?”
“Tu deliras, deja de decir tonterías y déjame disfrutar de este momento de tranquilidad”
La discusión entre los Operarios acabo, y los tormentos continuaron como siempre, solo que esta vez dos mil voces más se unieron a los gritos.
Pero en la mente de aquel condenado la idea de una rebelión seguía cobrando fuerza. Cada ciclo que pasaba eran mas, y hubo momentos en que el Operario dejaba unos minutos sin tormento a algunas almas, y en esos momentos la idea de la rebelión se fue extendiendo. Además el nuevo sistema de rotación de Condenados entre operarios, un intento de paliar la crisis de trabajadores, ayudo a que la idea se extendiese por el Infierno, hasta que no quedo una sola Alma que no la hubiera escuchado, aunque no todas tenían el mismo nivel de entusiasmo con la idea.
Y llego el esperado día en que el número de Condenados era abrumadoramente mayor que el de Operarios. Y entonces, tal y como se había acordado, en un cambio de ciclo, la rebelión empezó. Muchas Almas descubrieron que la muerte de un Alma era realmente peor que el infierno, un tormento indescriptible. Pero en tan solo tres ciclos tenían controlado casi todo el infierno y amenazaban el Palacio de Satanás, centro físico y Administrativo del Infierno, lugar de residencia del Príncipe de las Tinieblas y un lugar prohibido para los Condenados. Allí dentro los diferentes Directores, Coordinadores y Jefes de Departamento se habían reunido, y junto a Satanás intentaban encontrar una solución al problema.
“Son demasiados, debimos prever este problema hace mucho” dijo el Jefe de Departamento de Invención de nuevas Condenas, quizás el mas respetado de todos los Administradores, por debajo del Presidente de la Administración, el mismísimo Satanás, y por eso su voz tenia mucho peso en el consejo “Ahora es demasiado tarde para ponerle freno, las almas siguen entrando a raudales por las puertas, y cada una es un soldado mas para los rebeldes”
“Sabes bien que no se pueden cerrar las puertas del Infierno, vamos que es físicamente imposible” el que hablaba sabia bien que decía, era el Coordinador General de Nuevas Construcciones, la mayor eminencia en ingeniería y construcción del Infierno. Y si el decía que las puertas no se podían cerrar es que no se podían “De hecho llamarlas puertas es un error, son mas una obertura entre el Infierno y la Tierra”
“Y no podemos crear mas Operarios, los rebeldes han tomado el Pozo, ningún Operario nacerá. Y aunque lo haga, solo nace uno cada diez ciclos, un fastidio vamos”
Hubo un golpe en la mesa, proveniente del lugar donde Satanás estaba sentado, en su Trono, todos callaron y el Príncipe de las Tinieblas hablo.
“Me cago en todos esos mierdas” El príncipe de las Tinieblas siempre usaba un lenguaje poco apropiado para su posición, pero obviamente nadie se quejaba, nadie se atrevía a quejarse “¿Se puede saber que cojones hacíais para que se os subieran a la chepa? Ahora todo se ha ido a tomar por culo, me largo del cielo para tener mi propio tinglado y me lo desmontáis así”
“Señor no es culpa nuestra, nosotros teníamos planes de contingencia preparados pero…”
“Oh Cállate” Satanás apunto con el dedo al Coordinador de Personal y este estallo en llamas verdes, al poco ya no quedaba mas que un montoncito de cenizas en la silla. “Esto esta perdido, no le demos mas vueltas. No podemos recuperar el infierno, así que tenemos que, como se dice, a si exiliarse, ¿estaréis contentos no?” Miro a cada uno de los presentes, todos bajaron la vista sin atreverse a mirar a su jefe. “Pues da la casualidad de que Yo no estoy contento, así que me largo a la Tierra, el único lugar donde puedo exilarme. Pero vosotros os quedáis aquí, creo que los Condenados han aprendido a usar las maquinas, os toca sufrir los Tormentos a vosotros, por listos.”
Todos se quedaron sorprendidos, habían dado por supuesto que se irían con Satanás a la Tierra, no en vano eran los miembros del consejo de Administración.
“Que os den” dijo Satanás mientras se desvanecía en una nube de polvo, dejando la estancia en silencio, en ese momento los Administradores oyeron como los Condenados entraban en palacio.
Hacia calor, un calor seco y agobiante, y el llevar traje y corbata no ayudaba a aliviarlo. El Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones debería estar acostumbrado, pero aun después de tanto tiempo trabajando en aquel lugar el calor seguía molestándole.
Hizo una pausa en su trabajo y miro por la gran ventana de su despacho mientras se aflojaba la corbata de forma distraída. El paisaje era el mismo de siempre, el gran lago de lava, los chorros de azufre hirviendo en el horizonte y las lejanas figuras de Operarios y Condenados en su ajetreo eterno, el típico paisaje del Infierno, y no hacia mas que acrecentar la sensación de calor.
El intercomunicador sonó con ese irritante pitido acompañado de una luz roja parpadeante. El Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones hubiese preferido no atender la llamada y quedarse dormitando en su sillón, que aunque no era todo lo cómodo que hubiera querido permitía una cabezadita, pero el molesto ruido era insoportable y sabia que la manera mas fácil de hacerlo callar era responder. Así que apretó un botón y la voz de su secretaria surgió del aparato, la misa voz estridente de siempre, el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones se pregunto si en realidad los condenados no eran ellos en lugar de las almas de los Condenados.
“Señor, el Director General de Secciones desea verle, dice que es urgente”
Urgente, siempre, todo era urgente en aquel lugar, y eso que tenían toda la eternidad por delante.
“Hágale pasar, y prepare unas bebidas, ya sabe algo fuerte”
El Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones se reajusto la corbata y ordeno un poco los papeles sobre su mesa, la visita era de alto rango y no quería crear mala impresión, nada bueno le pasaba a aquellos que causaban mala impresión.
La puerta se abrió, y una imponente figura entro, no era excesivamente alto pero la imponente cornamenta sobre su cabeza denotaba una gran posición dentro del sistema. A su lado un pequeño individuo le acompañaba portando un maletín, ambos vestían traje y corbata impolutos y sin una arruga.
“Por favor señores siéntense, en breve traerán algo de beber.”
Los dos invitados tomaron asiento y lanzaron una rápida ojeada al despacho, el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones trago saliva y al instante se arrepintió, desando que nadie se hubiera percatado del gesto.
El Director General de Secciones miro directamente al anfitrión, cuando hablo su voz parecía salida de las profundidades de la tierra, y quizás no fuera una casualidad.
“¿Dígame, cuantas almas entraron en el pasado ciclo?”
Los ciclos, una manera artificial de medir el tiempo que solo usaban los Administradores y Operarios, a los Condenados no se les dejaba medir el tiempo, como parte de su tortura, no era divertido si sabían cuanto tiempo le quedaba para el cambio de condena.
“Deje que revise los papeles un segundo, esta todo anotado” el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones ojeo un par de archivos, y al poco rato respondió, con una voz que traicionaba su nerviosismo, aquella no era una visita normal. “Setecientos veintiocho millones de Almas, un 13% mas que en el ciclo anterior”
En ese momento la secretaria entro con tres copas, y ofreció una a cada uno de los presentes.
“¿Y cuantas Almas se prevé que entraran durante este ciclo?
“Pues, se estima que serán mas de mil millones, ya lo tenemos todo preparado para que ningún Alma se quede en las puertas del infierno mas que el tiempo requerido señor” Demostrar que todo estaba preparado no impresionaría al superior, pero por lo menos no quedaría como un incompetente.
“Ese no es el problema, las puertas del infierno pueden dar paso a muchas mas almas que las esperadas, el problema viene después” sin ningún gesto ni palabra aparente el acompañante tomo la palabra y abrió el maletín.
“Nuestro espacio es limitado, lamentablemente el infinito se lo quedaron los de arriba. Nosotros tuvimos que conformarnos con el inframundo, que aunque es extremadamente grande, no podrá albergar a todas las almas pecadoras de la humanidad, hemos calculado que la totalidad de los Sectores Territoriales será ocupada antes del Juicio Final, y entonces empezaremos a tener problemas de hacinamiento. Que si bien no es problema para las almas Condenadas, al fin y al cabo ellos vienen a sufrir, será un problema para los Operarios. Nadie querrá dejar su Sección de Vivienda para que se construyan Centros de Administración de Castigos.”
El hombre del maletín había dicho todo esto a una velocidad que hizo que el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones no estuviese seguro de haberlo captado bien, pero eso no era todo, el hombre del maletín siguió hablando con la misma velocidad, sin pausas.
“Y también tenemos el problema de numero de Condenados asignado a cada Operario. Puede llegar un punto, mucho antes del hacinamiento, en que el numero de Condenados sea inmanejable por nuestros Operarios, todo un problema como puede ver”
“Sin duda es un problema, ¿pero que tiene que ver conmigo? Yo soy el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones, contabilizo la entrada de Condenados al Infierno, pero hay se acaba mi trabajo” la preocupación en su voz era palpable “Para solucionar ese problema deberían hablar con el Coordinador de Operarios, no conmigo”
Los dos invitados se miraron y una sonrisa burlona surgió en sus rostros.
“Lo hemos hecho” dijo el superior, “Y hemos llegado a la conclusión en que este es un problema demasiado peliagudo como para arriesgar nuestros puestos, así que se lo hemos asignado a usted, ¿supongo que no tiene inconveniente verdad?” Antes de que el Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones pudiera responder los dos invitados se levantaron y mientras el Director General de Secciones se dirigía a la salida dijo, “Entonces todo arreglado, tiene 5 ciclos para solucionar el problema o será depuesto de su cargo, y ya sabe lo que le ocurre a los que son depuestos de su cargo. Que pase un buen día”
El Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones vio que ninguno de los invitados había probado la bebida, así que tomo las dos copas y se las bebió de un trago, después apretó el botón para hablar con su secretara.
“Secretaria, quiero una reunión con los coordinadores del departamento de inmediato”
Serian cinco ciclos muy ajetreados, y encima ese maldito calor.
Muchos ciclos habían pasado desde aquella reunión, y el problema seguía sin solucionarse. El puesto de Jefe del Departamento de Nuevas Adquisiciones había pasado por muchos operarios y se había convertido en el más impopular de todos los puestos administrativos. Como era de prever el problema de la asignación de Condenados llego antes que el del hacinamiento, cosa que hacia que el Coordinador de Personal empezara a preocuparse porque pronto no podría delegar el problema a otro y acabaría salpicándole. Y así estaban las cosas cuando el Operario de personal Nº 18232 llego a la sección asignada al Operario de Condenados Nº 75289, con dos mil almas mas para la sección.
“Operario de Condenados Nº 75289, esta es la nueva remesa de Condenados para su sección, las placas tienen todos los datos necesario para realizar su trabajo, no se demore”
“¿Cuantas son esta vez?” dijo el Operario mientras se acomodaba el mono de trabajo ante su superior “Le aviso que estoy casi al máximo de capacidad, si me asignan mas Condenados no podré aplicarles el Tormento de forma apropiada”
“Son dos mil almas mas, y mas le vale que no se encuentre con el problema de no poder hacer bien su trabajo, porque entonces el problema lo tendrás usted”
“¿Dos mil más, pero es que en administración no se dan cuenta que cada alma requiere un tiempo de dedicación para conseguir el sufrimiento adecuado? Esto no es tan fácil como parece.”
Lo dos Operarios Infernales continuaron discutiendo durante un rato, gracias a ello dos Condenados consiguieron salvarse de su Tormento momentáneamente, pues el Operario no estaba allí para aplicárselo.
“A saber que están diciendo esos dos cabrones”
El idioma Infernal era algo que no podían entender los condenados, así no podían pedir clemencia en un lenguaje que sus atormentadores pudieran entender, pues los Operarios nunca se preocupaban de aprender el idioma de los Condenados.
“Creo que discuten. Quizás sea porque le dan mas almas, fíjate en ese grupo de nuevos, es el mas numeroso que haya visto en toda mi condena, y llevo aquí mucho tiempo”
“Y que sabrás tu el tiempo que llevas aquí, si no puedes contarlo, no sabes cuantos años llevas aquí”
“Bueno tu ya me entiendes. Pero fíjate que cada vez somos más, y el hijo puta de los cuernos cada vez dedica menos tiempo a cada uno. Si esto sigue así quizás llegue un día en el que no nos pueda torturar a todos.”
“¿Y con tanto tiempo que llevas a aquí y aun tienes esperaza? Venga ya”
“Que te importa a ti lo que yo tenga, pero se me ha ocurrido una cosa, quizás llegue un día en que seamos tantos que podamos superar a los demonios, ¿te imaginas hacernos con el control?”
“Tu deliras, deja de decir tonterías y déjame disfrutar de este momento de tranquilidad”
La discusión entre los Operarios acabo, y los tormentos continuaron como siempre, solo que esta vez dos mil voces más se unieron a los gritos.
Pero en la mente de aquel condenado la idea de una rebelión seguía cobrando fuerza. Cada ciclo que pasaba eran mas, y hubo momentos en que el Operario dejaba unos minutos sin tormento a algunas almas, y en esos momentos la idea de la rebelión se fue extendiendo. Además el nuevo sistema de rotación de Condenados entre operarios, un intento de paliar la crisis de trabajadores, ayudo a que la idea se extendiese por el Infierno, hasta que no quedo una sola Alma que no la hubiera escuchado, aunque no todas tenían el mismo nivel de entusiasmo con la idea.
Y llego el esperado día en que el número de Condenados era abrumadoramente mayor que el de Operarios. Y entonces, tal y como se había acordado, en un cambio de ciclo, la rebelión empezó. Muchas Almas descubrieron que la muerte de un Alma era realmente peor que el infierno, un tormento indescriptible. Pero en tan solo tres ciclos tenían controlado casi todo el infierno y amenazaban el Palacio de Satanás, centro físico y Administrativo del Infierno, lugar de residencia del Príncipe de las Tinieblas y un lugar prohibido para los Condenados. Allí dentro los diferentes Directores, Coordinadores y Jefes de Departamento se habían reunido, y junto a Satanás intentaban encontrar una solución al problema.
“Son demasiados, debimos prever este problema hace mucho” dijo el Jefe de Departamento de Invención de nuevas Condenas, quizás el mas respetado de todos los Administradores, por debajo del Presidente de la Administración, el mismísimo Satanás, y por eso su voz tenia mucho peso en el consejo “Ahora es demasiado tarde para ponerle freno, las almas siguen entrando a raudales por las puertas, y cada una es un soldado mas para los rebeldes”
“Sabes bien que no se pueden cerrar las puertas del Infierno, vamos que es físicamente imposible” el que hablaba sabia bien que decía, era el Coordinador General de Nuevas Construcciones, la mayor eminencia en ingeniería y construcción del Infierno. Y si el decía que las puertas no se podían cerrar es que no se podían “De hecho llamarlas puertas es un error, son mas una obertura entre el Infierno y la Tierra”
“Y no podemos crear mas Operarios, los rebeldes han tomado el Pozo, ningún Operario nacerá. Y aunque lo haga, solo nace uno cada diez ciclos, un fastidio vamos”
Hubo un golpe en la mesa, proveniente del lugar donde Satanás estaba sentado, en su Trono, todos callaron y el Príncipe de las Tinieblas hablo.
“Me cago en todos esos mierdas” El príncipe de las Tinieblas siempre usaba un lenguaje poco apropiado para su posición, pero obviamente nadie se quejaba, nadie se atrevía a quejarse “¿Se puede saber que cojones hacíais para que se os subieran a la chepa? Ahora todo se ha ido a tomar por culo, me largo del cielo para tener mi propio tinglado y me lo desmontáis así”
“Señor no es culpa nuestra, nosotros teníamos planes de contingencia preparados pero…”
“Oh Cállate” Satanás apunto con el dedo al Coordinador de Personal y este estallo en llamas verdes, al poco ya no quedaba mas que un montoncito de cenizas en la silla. “Esto esta perdido, no le demos mas vueltas. No podemos recuperar el infierno, así que tenemos que, como se dice, a si exiliarse, ¿estaréis contentos no?” Miro a cada uno de los presentes, todos bajaron la vista sin atreverse a mirar a su jefe. “Pues da la casualidad de que Yo no estoy contento, así que me largo a la Tierra, el único lugar donde puedo exilarme. Pero vosotros os quedáis aquí, creo que los Condenados han aprendido a usar las maquinas, os toca sufrir los Tormentos a vosotros, por listos.”
Todos se quedaron sorprendidos, habían dado por supuesto que se irían con Satanás a la Tierra, no en vano eran los miembros del consejo de Administración.
“Que os den” dijo Satanás mientras se desvanecía en una nube de polvo, dejando la estancia en silencio, en ese momento los Administradores oyeron como los Condenados entraban en palacio.
Ante todo, hola
Parafraseando a un personaje cierta saga literaria “Desconozco si alguien esta leyendo esto, pues no estoy físicamente ahí para comprobarlo”, pero aun así lo escribiré.
Si señores y señoras, me he hecho un blog, algún día tenia que pasar y como dicen que el mundo se acaba en el 2012 pues mejor hacerlo antes del fin del mundo (chorradas, los bancos no permitirán que la gente dejase de pagar las hipotecas en 2012…)
Os estaréis preguntando de qué ira este blog, os comprendo, yo también me he hecho esa pregunta muchas veces. Al final he llegado a la conclusión de que iría de mis cosas, ¿y que son mis cosas? Pues de mis relatos (se aceptan críticas de los relatos, a poder ser sin insultos), de mis aficiones, véase literatura, cine, música, historia y alguna cosa mas que se me vaya ocurriendo.
Con este blog no pretendo ser alguien importante, no pretendo imponer mis opiniones a los demás ni nada así, solo pretendo pasármelo bien y que mis lectores se lo pasen bien.
Estoy abierto a cualquier sugerencia o comentario. Y si se da el caso me gusta debatir desde el respeto.
Dicho esto, bienvenidos a este, Reino en el Horizonte (algún día explicare el porque del nombre del blog… o no y os dejo con el misterio)
Si señores y señoras, me he hecho un blog, algún día tenia que pasar y como dicen que el mundo se acaba en el 2012 pues mejor hacerlo antes del fin del mundo (chorradas, los bancos no permitirán que la gente dejase de pagar las hipotecas en 2012…)
Os estaréis preguntando de qué ira este blog, os comprendo, yo también me he hecho esa pregunta muchas veces. Al final he llegado a la conclusión de que iría de mis cosas, ¿y que son mis cosas? Pues de mis relatos (se aceptan críticas de los relatos, a poder ser sin insultos), de mis aficiones, véase literatura, cine, música, historia y alguna cosa mas que se me vaya ocurriendo.
Con este blog no pretendo ser alguien importante, no pretendo imponer mis opiniones a los demás ni nada así, solo pretendo pasármelo bien y que mis lectores se lo pasen bien.
Estoy abierto a cualquier sugerencia o comentario. Y si se da el caso me gusta debatir desde el respeto.
Dicho esto, bienvenidos a este, Reino en el Horizonte (algún día explicare el porque del nombre del blog… o no y os dejo con el misterio)
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)