Saboaje. Parte I
Las tres leyes de la robótica
1- Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
2- Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
3- Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley
La habitación estaba oscura, el aire cargado y solo dos personas la ocupaban. Lo primero se debía a las altas horas de la noche en la que estaban. Lo segundo era porque solo ellos dos quedaban en la fábrica. Lo tercero a los puros que fumaba uno de ellos.
Uno de ellos era corpulento, debido a una mezcla de complexión fuerte y años de comidas copiosas, medio calvo y con un aire de superioridad palpable.
El otro era escuálido, debido años de poca actividad física y comidas modestas. Aun conservaba el pelo en su cabeza, pero este estaba volviéndose plateado a un ritmo acelerado.
El primero era el jefe, y blandía su puro como un cetro de mando de los antiguos reyes, el segundo era el contable, y tecleaba como un escriba de los antiguos reyes.
-Le digo Señor Gutiérrez que los cálculos están bien, igual de bien que la primera vez
La voz del contable sonaba cansada, después de tantas horas solo deseaba regresar a su casa con su mujer. Y de vez en cuando una mirada furtiva se desviaba de la pantalla del ordenador a la foto de su escritorio, de sus bodas de oro y de cuando habían ido al complejo turístico de Luna.
-Sabes que esto es muy importante no podemos cometer errores- se puso el puro en la boca, lo que hizo la siguiente frase algo difícil de entender- vuelve a revisarlo.
El contable suspiro, y volvió a revisar todas las cuentas. Cuando acabo la manecilla grande del reloj casi había dado una vuelta completa.
-Definitivamente son correctos. Y si los vuelvo a revisar seguirán siendo correctos Señor Gutiérrez.
El obeso jefe sonrió, apago el puro y salio de la habitación, sin decirle al contable ni un gracias ni una adiós. El contable recogió sus cosas y se marcho, a la calidez de su hogar.
Cuatro días después a los tres mil quinientos trabajadores de la empresa “Gutiérrez e hijos” se les comunicó un despido inmediato, con una indemnización mínima gracias a un rebuscada ley.
Y al día siguiente llego la nueva plantilla de trabajadores. Quinientos Robots de última generación, que permitirían trabajar a la fábrica las veinticuatro horas al día, sin posibilidad de que enfermaran, sin vacaciones y sin fines de semana. Y si bien el Señor Gutiérrez tenía que pagar un alquiler anual por cada robot, pues Robots y Hombres Mecánicos nunca vendía sus robots tan solo los alquilaba, este alquiler le salía infinitamente mas barato que pagar el sueldo de los anteriores trabajadores. Las indemnizaciones hicieron que tuviese un descenso del nueve por ciento en las ganancias de los próximos tres meses, pero al cuatro mes el uso de robots ya estaría dando beneficios netos como nunca había tenido la empresa.
Pasaron dos años, y la situación de los trabajadores era desesperada, las subvenciones estatales se habían acabado y nadie los contrataba. En realidad nadie contrataba a nadie, ya que las otras empresas habían empezado a hacer lo mismo que el pionero, y lamentablemente hombre del año por las revistas de economía, Señor Gutiérrez había hecho en su empresa. Por tanto el país pasaba por su peor crisis laboral de la historia, se preveía que en una década nadie tuviese trabajo. Exceptuando claro los policías, guardias de seguridad y militares, dados que los robots positronicos no podían dañar a un ser humano gracias a la primera ley.
De eso hablaban un grupo de amigos, todos antiguos trabajadores del señor Gutiérrez, en un parque. Antiguamente se hubiesen reunido en un cafetería, pero ya no podían gastar en trivialidades.
-Pero a ver, yo no lo entiendo. Si no tenemos trabajo no tenemos sueldo, si no tenemos sueldo, no podemos comprar, y por mucho que produzcan esos robots, si la gente no compra lo que producen la economía no funciona. ¿No?
El que hablaba era el mas alto de los tres, que llevaba una frondosa barba para no tener que gastar en productos de afeitado, cada uno ahorraba como podía.
-No es exactamente así- Dijo el mas joven de los tres, que llevaba un libro en la mano titulado “Fundamentos de la Positronica”- no nos venden a nosotros, pero venden fuera, a la China a la India o a los países Árabes que llevan emergiendo desde principios de siglo.
El tercero hablo ahora, por primera vez en la conversación, era un hombre escuálido, y con cabello gris y había sido el contable de la empresa.
-Tendría que haberlo visto. Si le hubiese dicho que no se podía ahora estaríamos todos trabajando.
El antiguo contable era un hombre deprimido, a raíz del despido todo el mundo le había echado la culpa. Lo que le había hecho perder la fuerza vital. Al final hasta su mejer le dejo, alegando que ya no era el mismo hombre con el que se caso.
-No te tortures hombre- dijo el hombre de la barba- si no hubiese sido el hijo de puta del Gutiérrez lo habría hecho cualquiera, todos son de la misma calaña.
Permanecieron callados un rato, viendo la tarde pasar, como cada día desde hacia mucho tiempo.
-¿Alguien sabe algo de Manu?
El que lo pregunto fue el hombre de la barba, ya que Manu había sido uno de sus mejores amigos dentro la fabrica.
-Creo que se fue a buscar trabajo a Marruecos, pero no se nada de el.
El contable dijo estas palabras sin mirar a ningún sitio en concreto, simplemente mirando el cielo.
-Espero que tenga suerte, era un buen tío el Manu.
Y así pasaron una tarde mas, perdiendo un poco mas las esperanzas.
Paso otro año ya la situación se volvió desesperada. Ante tal cantidad de parados, una tasa de paro del setenta y ocho por ciento, el sistema económico del país estaba abocado al colapso en pocos meses. No así el de las empresas, que tras contratar seguridad privada seguían con su producción ininterrumpida y su venta a países extranjeros.
Los ciudadanos estaban ya en las ultimas, al estado le era imposible pagar el subsidio de paro por lo tanto los ingresos de las familias eran nulos, y muchos habían gastado ya sus ahorros y vendido la mayoría de sus pertenencias a aquellos que aun tenían un sueldo, es decir los militares, la policía, los de seguridad privada y como no los políticos, que extrañamente conseguían encontrar dinero para sus sueldos a pesar de no poder pagar las ayudas a los ciudadanos.
Los ciudadanos indignados se habían reunido delante de las fábricas que antaño les dieran trabajo. En un vano intento de recuperar sus puestos a base de protestas.
Y en una de estas protestas se encontraban tres ex-trabajadores de la empresa del Sr. Gutiérrez, uno de ellos aun llevaba una poblada barba, el otro aun se lamentaba de ser culpable de la situación actual, y el otro llevaba un libro bajo el brazo titulado “Positronica Avanzada”
El barbudo acababa de lanzar un tocho al interior de la fábrica mientras lanzaba insultos dirigidos al dueño. El tocho se hizo añicos contra el suelo de cemento de lo que, en otro tiempo, había sido el aparcamiento de los empleados. El insulto se mezclo con el ruido general.
-Hay que hacer algo ya hostia- dijo el barbudo- ayer mi hijo me dijo entre llantos que tenia hambre, y a mi se me cayo el alma al suelo. O cambia esto ya u os juro que entro a la casa de uno de esos perros del sistema y les robo la nevera. Porque mi hijo no va a pasar hambre, eso os lo aseguro.
-¿Y que podemos hacer si tienen el control de todo?- la voz del contable había ido perdiendo fuerza con el tiempo, y sus amigos se temían que su fuerza de voluntad cediese y acabara cometiendo suicido. No seria el primero en hacerlo.
-Se puede hacer algo. – Los dos compañeros miraron al joven extrañados- solo necesito entrar a al fabrica, y lo solucionare.
-¿Que propones muchacho? Si realmente sabes como arreglar esto los que estamos aquí te abrimos camino a la fábrica a base de cojones si hace falta, que somos más que esos perros.
-No, para que el plan funcione nadie bebe saber que he entrado. Si no el sabotaje no funcionara
-Sabotaje, me gusta esa palabra. Vamos a joder al puto Gutiérrez.
-¿Pero como vas a entrar? es muy difícil colarse.
-Difícil pero no imposible. Oí que el antiguo conserje se llevo una copia de las llaves, y seguro que no han cambiado las cerraduras porque nadie se lo esperaba.
Los otros dos se miraron, si el joven estaba tan loco como para entrar solo aquel podía ser un buen plan.
-Supongo que sabes lo que haces muchacho, si estas tan hasta los huevos como yo seguro que te puedes arriesgar a esto. Busquemos al conserje, si aun anda por aquí.
Por suerte para ellos el conserje aun estaba allí, manifestándose con los demás. Le explicaron el plan y accedió a ayudar. Fue a por las llaves a su casa y aquella noche el joven manifestante entro de hurtadillas en el edificio. Salio a la media hora. Y al día siguiente los robots de la empresa se negaron a obedecer la orden de trabajar.
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