Sabotaje. Parte II
Tras toda una mañana de intentar que los robots trabajasen el Sr. Gutiérrez llamo la empresa Robots y Hombres Mecánicos, propietaria de los robots, y le informo de los problemas que estaba teniendo. Aquella misma tarde llego a la fábrica, con helicóptero pues los manifestantes no dejaban pasar a nadie, un empleado de Robots y Hombres Mecánicos, el Dr. Jennings, el robopsicologo de la sección Europea de la empresa.
Y allí se encontraba, en una fabrica llena de robots parados, con un cuerpo de seguridad privado y un empresario cabreado.
-A ver porque vuestros robots han dejado de trabajar de golpe- la voz del Sr. Gutiérrez estaba cargada de rabia y frustración, pues veía como perdía producción.- de repente esta mañana dejaron de trabajar, porque si, sin mas, y se niegas a seguir trabajando.
El Dr. Jennings no llevaba más de dos horas en aquella fábrica y ya estaba harto del dueño, esperaba descubrir rápido el problema y poder volver a su casa de Londres.
-Tiene que haber una explicación lógica para que los robots hayan dejado de trabajar de golpe- al hablar usaba el ingles estándar perfecto, con como el Sr. Gutiérrez que tenia un marcado acento.- Si me deja hacer la comprobaciones básicas a uno de sus robots podré determinar si el problema es mecánico o de otra índole.
-Haga, haga. Solucione esto de una vez.
El dueño se marcho encendiendo un puro hacia su despacho. Mientras el Dr. Se quedo en la zona principal de la fábrica donde habían sido reunidos todos los robots de la fábrica.
Jennings dejo en el suelo un pesado maletín, y de el saco un aparato para hacer mediciones en el cerebro positronico de los robots.
-Tu robot. Ven.
El Robots al que había señalado se adelanto
-Que desea el señor
La voz del robot sonaba metálica y hueca, como salida de las profundidades de una caja, que de hecho es lo que hacia.
-Agáchate robot- el robot así lo hizo- no quiero que te muevas ni que hables hasta nueva orden.
El robot permaneció quieto y callado durante la siguiente hora y media, el tiempo que tardo el Dr. Jennings en hacer las mediciones necesarias para descartare un daño físico en el cerebro positronico del robot.
Entonces se dirigió al despacho del dueño. Entro sin llamar visiblemente alterado.
-Sr. “Gitiérrez” eh descu…
-Gutiérrez, es Sr. Gutiérrez.
El Dr. Jennings se quedo un segundo parado, pero enseguida continúo con su comunicado.
-He descubierto que no ocurre nada malo en el cerebro de los robots, tomando uno como muestra pues todos reaccionan de la misma manera.
-¿Entonces porque no funcionan?
-Oh, no se equivoque, los robots funcionaba perfectamente. Si, si ya se que no están trabajando. Pero no están estropeados. Lo que ocurre es que tienen un conflicto entre la primera y la segunda ley.
-¿Que? ¿Que me estas contando? Ni son van es que están rotos, devuélvalos a la su empresa y que me traigan otros. Esta en el contrato.
El Sr. Gutiérrez empezaba a enfadarse, y el Dr. Jennings no estaba tampoco muy calmado.
-Si, pero en el contrato también especifica que la devolución solo se podrá hacer si el robot esta realmente incapacitado para trabajar. Para que pueda devolveros antes tendré que verificar una cosa. Tendré que entrevistar a los robots.
-¿Hablar con las maquinas? Usted esta loco.
-No, no estoy loco. Da la casualidad de que soy Robopsicologo, me dedico a hablar con los robots. Prepáreme una sala y les diré a los robots que entren de uno en uno. Con suerte descubriremos que ocurre.
-¿Va a ha hablar con la maquinas una o una, cuanto tiempo le llevara eso?
-Para quinientos robots… unos cuatro días.
-Espero que sirva para algo, no puedo perder más días de producción.
La sala fue preparada, y durante los dos primeros días todos los robots respondieron igual a la serie de preguntas que le hacia el Dr. Jennings. Con esa serie de entrevistas había podido descubrir que la imposibilidad de trabajar se debía a un conflicto entre la primera y la segunda ley, pero el Dr. Jennings quería saber exactamente como se había generado ese conflicto, con un poco de suerte podría sacar a los robots de ese bucle.
En la mañana del tercer día el Dr. Jennings seguía con sus entrevistas. Entro un robot más a la sala.
-Siéntate Robot.
El robot se sentó, el Dr. Jennings tenia la manía de hacer sentar a los robots, así la diferencia de altura no era tan pronunciada.
-¿Eres el robot modelo CL-59 numero de robot 375?
-Así es señor.
-¿Te importa si te llamo Charlie?
Charlie era el “apodo” para ese modelo de robots, todos los robots tenían un apodo por el cual los trabajadores se referían a ellos, no solo los hacia mas humanos, también servia para facilitar el recordar quien era cada robot.
-Como desee señor. Responderé al nombre de Charlie si lo desea.
La voz del robot era la misma que la de los otros trescientos setenta y cuatro que habían pasado antes. Y el aspecto también era el mismo. Lo que hacia que al Dr. Jennings le pareciera vivir un “Déjà vu” constante desde hacia dos días. Sobretodo porque los robots siempre respondían lo mismo, sin variaciones.
-¿Charlie, has dejado de trabajar hace tres días?
-Así es señor
-¿Cuál es el motivo?
-Mi trabajo hacia daño a un ser humano
-¿A quien?
-No lo se señor.
-¿Entonces porque dejas de trabajar?
Jennings pensó mentalmente en la respuesta que daría el robot “Porque no puedo arriesgarme a hacer daño a un ser humano aun con desconocimiento de su persona, señor” estaba seguro que el robot diría aquellas mismas palabras
-Porque no puedo arriesgarme a hacer daño a un ser humano aun con desconocimiento de su persona, señor
-¿Quien te dijo tal cosa?
-Me fue comunicado por el sistema de comunicación interno de los modelos de robot CL-59, el cual yo poseo.
Siempre la misma respuesta, y ahora el robot se atascaría tras la siguiente pregunta.
-¿Y si no viste al humano que sufre el daño y no te lo ha ordenado un humano porque dejaste de trabajar?
- Porque no puedo arriesgarme a hacer daño a un ser humano aun con desconocimiento de su persona, señor
Ya esta, otros robot que no sabia que ocurría pero no podía trabajar.
-Puedes salir Charlie.
-Si señor
El robot se levanto y cuidadosamente abrió la puerta, salio y la cerró.
Jennings apunto algunas notas en su cuaderno e hizo pasar al siguiente.
-Siéntate Robot.
El robot se sentó
-¿Eres el robot modelo CL-59 numero de robot 376?
-Así es señor.
-¿Te importa si te llamo Charlie?
-Como desee señor. Responderé al nombre de Charlie si lo desea.
-¿Charlie, has dejado de trabajar hace tres días?
-Así es señor
-¿Cuál es el motivo?
-Mi trabajo hacia daño a un ser humano
-¿A quien?
-A los antiguos trabajadores.
Jennings levanto la vista y miro al robot. ¿Pudiera ser que ese robot fuese la clave de todo el desastre?
-¿Puedes repetir lo que has dicho?
Jennings necesitaba volverlo a oír para asegurarse que no se había equivocado debido al cansancio
-Si señor, he dicho que mi trabajo hace daño a los antiguos trabajadores
-¿Quien te dijo eso?
-Un antiguo trabajador señor
-¿Qué te dijo exactamente?
-Me dijo que por culpa de nuestro trabajo los antiguos trabajadores habían perdido sus empleos, y eso les producía un dolor a ellos y su familia. Incluso me dijo- el robot hizo una pequeña pausa, en un ser humano podría haberse interpretado como una pausa para pensar, pero el Dr. Jennings era consciente de que una pausa en un robot positronico significaba un problema en sus sendas positronicas.- Me dijo que había humanos que habían muerto por mi culpa.
Así que alguien le había dicho que había cometido una violación flagrante de la primera ley, era una suerte que no se hubiese fundido todo el cerebro tras esa revelación.
-¿Y que hiciste a continuación?
-El humano me ordeno que se lo comunicase al resto de robots. Y así hice. Después deje de trabajar para no seguir incurriendo en un incumplimiento de la primera ley.
-Entiendo. Muy bien robot puedes irte.
El Dr. Jennings no llamo a ningún robot mas, estuvo una hora tomando apuntes y después se fue a hablar con el dueño de la fábrica.
Entro en el despacho sin ninguna ceremonia.
-Sus robots no volverán a trabajar nunca en su fábrica. Y quien sabe si en alguna fabrica o cualquier otro lugar.
-¿Por qué, que les pasa?
-Han sido. Como decirlo… saboteados.
-¿¡Que?! – El Sr. Gutiérrez se levanto de un salto – ¿se puede saber que le ha han hecho a mis robots?
-Les han comunicado que si siguen trabajando harán daño a sus antiguos trabajadores.
-¿Pero que tontería es esa? ¿Qué les importa a esos trastos mis antiguos trabajadores
El dueño de la fábrica estaba rojo de ira, y su voz se oía por toda la zona de oficinas, vacía por falta de trabajadores.
-A los Robots- Jennings enfatizo la palabra robot, no le gustaba que usaran el términos despectivos para referirse a ellos- les importa mucho sus antiguos trabajadores porque también son humanos. Aunque usted no parece creerlo.
-Pero yo soy más importante. Tendrían que hacerme caso a mí
-Las tres leyes están por encima de usted, en cierta forma las tres leyes nos iguala a todos.
-Menuda gilipollez. Además, si dejan de trabajar también me hacen daño a mí, ¿eso no se lo ha dicho nadie no?
-Dudo que le hagan mucho daño, y si se lo dice a un robot solo conseguirá fundirle el cerebro por meterlo en una contradicción de la primera ley. Y si soy testigo o intuyo de que lo hace se considerara una destrucción premeditada del robot y, por contrato, tendrá que pagar la totalidad de los costes de contracción de ese robot. Y le aseguro que son rematadamente caros.
El Sr. Gutiérrez resoplaba de ira, si hubiese podido hubiese machacado aquellas maquinas a golpes, pero no podía permitirse pagar un robot.
-Pues retírenlos y tráiganme otros que si puedan trabajar. Cumplan en contrato.
-Podríamos hacerlo. Pero sinceramente, no serviría de nada. Sus antiguos trabajadores saben ya como anularlos, y encontraran la manera de hacerlo, aunque triplique la seguridad de esta fábrica. Sinceramente, le recomiendo que vuelva a contratar a sus antiguos trabajadores, le saldrá, a la larga, más rentable.
-Fuera, ahora mismo de mi despacho. Nadie me dice como tengo que llevar mi fábrica.
-Oh, no se preocupe, no pensaba permanecer aquí ni un instante mas del necesario. Mi trabajo ha concluido, recogeré mis cosas y me marchare. Y esta misma tarde vendrán a buscar los robots.
Dos días después el Sr. Gutiérrez se vio obligado a recontratar a sus antiguos empelados. Pensó en contratar a otros, pero no serviría de nada. La noticia se había escampado como la pólvora y en todas las fábricas estaba pasando lo mismo, los robots de todo el país estaban dejando de trabajar, y en breve los empresarios tendrían que recontratar a los trabajadores. El Sr. Guitierrez fue el primero para aprovechar y ser el único productor durante un par de días.
Por primera vez en casi dos siglos los trabajadores gozaban de una cierta posición de poder, así que pudieron pedir mejoras en las condiciones laborales.
La sirena sonó y aquello anunciaba el fin del turno. Los trabajadores salían de la fabrica de camino a casa, a pasar el día con al familia, ya que gracias a los nuevos horarios todos gozaban de mas tiempo libre.
Dos obreros salían juntos, dirigiéndose hacia el aparcamiento.
Uno era corpulento, con cara sonriente y totalmente afeitado, ya que había jurado en no volverse a dejar barba en la vida.
El otro era joven, con una chispa de inteligencia en la mirada.
-Lo has conseguido chaval. Nos has devuelto la vida a todos. Y de paso le has dado una patada al puto Gutiérrez donde más le duele, en la cartera.
La risa del hombre se pudo oír en todo el aparcamiento, el joven solo sonrió
-Bueno, me costo un tiempo, pero al final di con un método de anular a los robots.
-Te llevo un tiempo si, pero eres un maldito genio. Si tengo otro hijo le pondré tu nombre, te lo juro
-Eso si te deja tu mujer, ¿no?
-Mi mujer esta encantada contigo, le he explicado lo que has hecho y quiere invitarte un día a cenar. Nos has salvado a todos, eres un héroe
-No creo que tanto, solo hice lo correcto
-Esa es la respuesta de un maldito héroe joder. Y dime, que harás ahora, ¿retomaras tus estudios? ¿Estabas estudiando no?
-Si, estaba estudiando, y volveré a ello. Me quedaba un año para acabar la carrera de Matemáticas, y luego pienso hacer otra. Con este nuevo sueldo y este nuevo horario no tendré problemas.
-¿Y que vas a estudiar muchacho?
-Robopsicologia
Esta vez fue el joven el que rió mas fuerte.
lunes, 10 de octubre de 2011
Relato: Sabotaje. Parte I
Saboaje. Parte I
Las tres leyes de la robótica
1- Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
2- Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
3- Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley
La habitación estaba oscura, el aire cargado y solo dos personas la ocupaban. Lo primero se debía a las altas horas de la noche en la que estaban. Lo segundo era porque solo ellos dos quedaban en la fábrica. Lo tercero a los puros que fumaba uno de ellos.
Uno de ellos era corpulento, debido a una mezcla de complexión fuerte y años de comidas copiosas, medio calvo y con un aire de superioridad palpable.
El otro era escuálido, debido años de poca actividad física y comidas modestas. Aun conservaba el pelo en su cabeza, pero este estaba volviéndose plateado a un ritmo acelerado.
El primero era el jefe, y blandía su puro como un cetro de mando de los antiguos reyes, el segundo era el contable, y tecleaba como un escriba de los antiguos reyes.
-Le digo Señor Gutiérrez que los cálculos están bien, igual de bien que la primera vez
La voz del contable sonaba cansada, después de tantas horas solo deseaba regresar a su casa con su mujer. Y de vez en cuando una mirada furtiva se desviaba de la pantalla del ordenador a la foto de su escritorio, de sus bodas de oro y de cuando habían ido al complejo turístico de Luna.
-Sabes que esto es muy importante no podemos cometer errores- se puso el puro en la boca, lo que hizo la siguiente frase algo difícil de entender- vuelve a revisarlo.
El contable suspiro, y volvió a revisar todas las cuentas. Cuando acabo la manecilla grande del reloj casi había dado una vuelta completa.
-Definitivamente son correctos. Y si los vuelvo a revisar seguirán siendo correctos Señor Gutiérrez.
El obeso jefe sonrió, apago el puro y salio de la habitación, sin decirle al contable ni un gracias ni una adiós. El contable recogió sus cosas y se marcho, a la calidez de su hogar.
Cuatro días después a los tres mil quinientos trabajadores de la empresa “Gutiérrez e hijos” se les comunicó un despido inmediato, con una indemnización mínima gracias a un rebuscada ley.
Y al día siguiente llego la nueva plantilla de trabajadores. Quinientos Robots de última generación, que permitirían trabajar a la fábrica las veinticuatro horas al día, sin posibilidad de que enfermaran, sin vacaciones y sin fines de semana. Y si bien el Señor Gutiérrez tenía que pagar un alquiler anual por cada robot, pues Robots y Hombres Mecánicos nunca vendía sus robots tan solo los alquilaba, este alquiler le salía infinitamente mas barato que pagar el sueldo de los anteriores trabajadores. Las indemnizaciones hicieron que tuviese un descenso del nueve por ciento en las ganancias de los próximos tres meses, pero al cuatro mes el uso de robots ya estaría dando beneficios netos como nunca había tenido la empresa.
Pasaron dos años, y la situación de los trabajadores era desesperada, las subvenciones estatales se habían acabado y nadie los contrataba. En realidad nadie contrataba a nadie, ya que las otras empresas habían empezado a hacer lo mismo que el pionero, y lamentablemente hombre del año por las revistas de economía, Señor Gutiérrez había hecho en su empresa. Por tanto el país pasaba por su peor crisis laboral de la historia, se preveía que en una década nadie tuviese trabajo. Exceptuando claro los policías, guardias de seguridad y militares, dados que los robots positronicos no podían dañar a un ser humano gracias a la primera ley.
De eso hablaban un grupo de amigos, todos antiguos trabajadores del señor Gutiérrez, en un parque. Antiguamente se hubiesen reunido en un cafetería, pero ya no podían gastar en trivialidades.
-Pero a ver, yo no lo entiendo. Si no tenemos trabajo no tenemos sueldo, si no tenemos sueldo, no podemos comprar, y por mucho que produzcan esos robots, si la gente no compra lo que producen la economía no funciona. ¿No?
El que hablaba era el mas alto de los tres, que llevaba una frondosa barba para no tener que gastar en productos de afeitado, cada uno ahorraba como podía.
-No es exactamente así- Dijo el mas joven de los tres, que llevaba un libro en la mano titulado “Fundamentos de la Positronica”- no nos venden a nosotros, pero venden fuera, a la China a la India o a los países Árabes que llevan emergiendo desde principios de siglo.
El tercero hablo ahora, por primera vez en la conversación, era un hombre escuálido, y con cabello gris y había sido el contable de la empresa.
-Tendría que haberlo visto. Si le hubiese dicho que no se podía ahora estaríamos todos trabajando.
El antiguo contable era un hombre deprimido, a raíz del despido todo el mundo le había echado la culpa. Lo que le había hecho perder la fuerza vital. Al final hasta su mejer le dejo, alegando que ya no era el mismo hombre con el que se caso.
-No te tortures hombre- dijo el hombre de la barba- si no hubiese sido el hijo de puta del Gutiérrez lo habría hecho cualquiera, todos son de la misma calaña.
Permanecieron callados un rato, viendo la tarde pasar, como cada día desde hacia mucho tiempo.
-¿Alguien sabe algo de Manu?
El que lo pregunto fue el hombre de la barba, ya que Manu había sido uno de sus mejores amigos dentro la fabrica.
-Creo que se fue a buscar trabajo a Marruecos, pero no se nada de el.
El contable dijo estas palabras sin mirar a ningún sitio en concreto, simplemente mirando el cielo.
-Espero que tenga suerte, era un buen tío el Manu.
Y así pasaron una tarde mas, perdiendo un poco mas las esperanzas.
Paso otro año ya la situación se volvió desesperada. Ante tal cantidad de parados, una tasa de paro del setenta y ocho por ciento, el sistema económico del país estaba abocado al colapso en pocos meses. No así el de las empresas, que tras contratar seguridad privada seguían con su producción ininterrumpida y su venta a países extranjeros.
Los ciudadanos estaban ya en las ultimas, al estado le era imposible pagar el subsidio de paro por lo tanto los ingresos de las familias eran nulos, y muchos habían gastado ya sus ahorros y vendido la mayoría de sus pertenencias a aquellos que aun tenían un sueldo, es decir los militares, la policía, los de seguridad privada y como no los políticos, que extrañamente conseguían encontrar dinero para sus sueldos a pesar de no poder pagar las ayudas a los ciudadanos.
Los ciudadanos indignados se habían reunido delante de las fábricas que antaño les dieran trabajo. En un vano intento de recuperar sus puestos a base de protestas.
Y en una de estas protestas se encontraban tres ex-trabajadores de la empresa del Sr. Gutiérrez, uno de ellos aun llevaba una poblada barba, el otro aun se lamentaba de ser culpable de la situación actual, y el otro llevaba un libro bajo el brazo titulado “Positronica Avanzada”
El barbudo acababa de lanzar un tocho al interior de la fábrica mientras lanzaba insultos dirigidos al dueño. El tocho se hizo añicos contra el suelo de cemento de lo que, en otro tiempo, había sido el aparcamiento de los empleados. El insulto se mezclo con el ruido general.
-Hay que hacer algo ya hostia- dijo el barbudo- ayer mi hijo me dijo entre llantos que tenia hambre, y a mi se me cayo el alma al suelo. O cambia esto ya u os juro que entro a la casa de uno de esos perros del sistema y les robo la nevera. Porque mi hijo no va a pasar hambre, eso os lo aseguro.
-¿Y que podemos hacer si tienen el control de todo?- la voz del contable había ido perdiendo fuerza con el tiempo, y sus amigos se temían que su fuerza de voluntad cediese y acabara cometiendo suicido. No seria el primero en hacerlo.
-Se puede hacer algo. – Los dos compañeros miraron al joven extrañados- solo necesito entrar a al fabrica, y lo solucionare.
-¿Que propones muchacho? Si realmente sabes como arreglar esto los que estamos aquí te abrimos camino a la fábrica a base de cojones si hace falta, que somos más que esos perros.
-No, para que el plan funcione nadie bebe saber que he entrado. Si no el sabotaje no funcionara
-Sabotaje, me gusta esa palabra. Vamos a joder al puto Gutiérrez.
-¿Pero como vas a entrar? es muy difícil colarse.
-Difícil pero no imposible. Oí que el antiguo conserje se llevo una copia de las llaves, y seguro que no han cambiado las cerraduras porque nadie se lo esperaba.
Los otros dos se miraron, si el joven estaba tan loco como para entrar solo aquel podía ser un buen plan.
-Supongo que sabes lo que haces muchacho, si estas tan hasta los huevos como yo seguro que te puedes arriesgar a esto. Busquemos al conserje, si aun anda por aquí.
Por suerte para ellos el conserje aun estaba allí, manifestándose con los demás. Le explicaron el plan y accedió a ayudar. Fue a por las llaves a su casa y aquella noche el joven manifestante entro de hurtadillas en el edificio. Salio a la media hora. Y al día siguiente los robots de la empresa se negaron a obedecer la orden de trabajar.
Las tres leyes de la robótica
1- Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
2- Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
3- Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley
La habitación estaba oscura, el aire cargado y solo dos personas la ocupaban. Lo primero se debía a las altas horas de la noche en la que estaban. Lo segundo era porque solo ellos dos quedaban en la fábrica. Lo tercero a los puros que fumaba uno de ellos.
Uno de ellos era corpulento, debido a una mezcla de complexión fuerte y años de comidas copiosas, medio calvo y con un aire de superioridad palpable.
El otro era escuálido, debido años de poca actividad física y comidas modestas. Aun conservaba el pelo en su cabeza, pero este estaba volviéndose plateado a un ritmo acelerado.
El primero era el jefe, y blandía su puro como un cetro de mando de los antiguos reyes, el segundo era el contable, y tecleaba como un escriba de los antiguos reyes.
-Le digo Señor Gutiérrez que los cálculos están bien, igual de bien que la primera vez
La voz del contable sonaba cansada, después de tantas horas solo deseaba regresar a su casa con su mujer. Y de vez en cuando una mirada furtiva se desviaba de la pantalla del ordenador a la foto de su escritorio, de sus bodas de oro y de cuando habían ido al complejo turístico de Luna.
-Sabes que esto es muy importante no podemos cometer errores- se puso el puro en la boca, lo que hizo la siguiente frase algo difícil de entender- vuelve a revisarlo.
El contable suspiro, y volvió a revisar todas las cuentas. Cuando acabo la manecilla grande del reloj casi había dado una vuelta completa.
-Definitivamente son correctos. Y si los vuelvo a revisar seguirán siendo correctos Señor Gutiérrez.
El obeso jefe sonrió, apago el puro y salio de la habitación, sin decirle al contable ni un gracias ni una adiós. El contable recogió sus cosas y se marcho, a la calidez de su hogar.
Cuatro días después a los tres mil quinientos trabajadores de la empresa “Gutiérrez e hijos” se les comunicó un despido inmediato, con una indemnización mínima gracias a un rebuscada ley.
Y al día siguiente llego la nueva plantilla de trabajadores. Quinientos Robots de última generación, que permitirían trabajar a la fábrica las veinticuatro horas al día, sin posibilidad de que enfermaran, sin vacaciones y sin fines de semana. Y si bien el Señor Gutiérrez tenía que pagar un alquiler anual por cada robot, pues Robots y Hombres Mecánicos nunca vendía sus robots tan solo los alquilaba, este alquiler le salía infinitamente mas barato que pagar el sueldo de los anteriores trabajadores. Las indemnizaciones hicieron que tuviese un descenso del nueve por ciento en las ganancias de los próximos tres meses, pero al cuatro mes el uso de robots ya estaría dando beneficios netos como nunca había tenido la empresa.
Pasaron dos años, y la situación de los trabajadores era desesperada, las subvenciones estatales se habían acabado y nadie los contrataba. En realidad nadie contrataba a nadie, ya que las otras empresas habían empezado a hacer lo mismo que el pionero, y lamentablemente hombre del año por las revistas de economía, Señor Gutiérrez había hecho en su empresa. Por tanto el país pasaba por su peor crisis laboral de la historia, se preveía que en una década nadie tuviese trabajo. Exceptuando claro los policías, guardias de seguridad y militares, dados que los robots positronicos no podían dañar a un ser humano gracias a la primera ley.
De eso hablaban un grupo de amigos, todos antiguos trabajadores del señor Gutiérrez, en un parque. Antiguamente se hubiesen reunido en un cafetería, pero ya no podían gastar en trivialidades.
-Pero a ver, yo no lo entiendo. Si no tenemos trabajo no tenemos sueldo, si no tenemos sueldo, no podemos comprar, y por mucho que produzcan esos robots, si la gente no compra lo que producen la economía no funciona. ¿No?
El que hablaba era el mas alto de los tres, que llevaba una frondosa barba para no tener que gastar en productos de afeitado, cada uno ahorraba como podía.
-No es exactamente así- Dijo el mas joven de los tres, que llevaba un libro en la mano titulado “Fundamentos de la Positronica”- no nos venden a nosotros, pero venden fuera, a la China a la India o a los países Árabes que llevan emergiendo desde principios de siglo.
El tercero hablo ahora, por primera vez en la conversación, era un hombre escuálido, y con cabello gris y había sido el contable de la empresa.
-Tendría que haberlo visto. Si le hubiese dicho que no se podía ahora estaríamos todos trabajando.
El antiguo contable era un hombre deprimido, a raíz del despido todo el mundo le había echado la culpa. Lo que le había hecho perder la fuerza vital. Al final hasta su mejer le dejo, alegando que ya no era el mismo hombre con el que se caso.
-No te tortures hombre- dijo el hombre de la barba- si no hubiese sido el hijo de puta del Gutiérrez lo habría hecho cualquiera, todos son de la misma calaña.
Permanecieron callados un rato, viendo la tarde pasar, como cada día desde hacia mucho tiempo.
-¿Alguien sabe algo de Manu?
El que lo pregunto fue el hombre de la barba, ya que Manu había sido uno de sus mejores amigos dentro la fabrica.
-Creo que se fue a buscar trabajo a Marruecos, pero no se nada de el.
El contable dijo estas palabras sin mirar a ningún sitio en concreto, simplemente mirando el cielo.
-Espero que tenga suerte, era un buen tío el Manu.
Y así pasaron una tarde mas, perdiendo un poco mas las esperanzas.
Paso otro año ya la situación se volvió desesperada. Ante tal cantidad de parados, una tasa de paro del setenta y ocho por ciento, el sistema económico del país estaba abocado al colapso en pocos meses. No así el de las empresas, que tras contratar seguridad privada seguían con su producción ininterrumpida y su venta a países extranjeros.
Los ciudadanos estaban ya en las ultimas, al estado le era imposible pagar el subsidio de paro por lo tanto los ingresos de las familias eran nulos, y muchos habían gastado ya sus ahorros y vendido la mayoría de sus pertenencias a aquellos que aun tenían un sueldo, es decir los militares, la policía, los de seguridad privada y como no los políticos, que extrañamente conseguían encontrar dinero para sus sueldos a pesar de no poder pagar las ayudas a los ciudadanos.
Los ciudadanos indignados se habían reunido delante de las fábricas que antaño les dieran trabajo. En un vano intento de recuperar sus puestos a base de protestas.
Y en una de estas protestas se encontraban tres ex-trabajadores de la empresa del Sr. Gutiérrez, uno de ellos aun llevaba una poblada barba, el otro aun se lamentaba de ser culpable de la situación actual, y el otro llevaba un libro bajo el brazo titulado “Positronica Avanzada”
El barbudo acababa de lanzar un tocho al interior de la fábrica mientras lanzaba insultos dirigidos al dueño. El tocho se hizo añicos contra el suelo de cemento de lo que, en otro tiempo, había sido el aparcamiento de los empleados. El insulto se mezclo con el ruido general.
-Hay que hacer algo ya hostia- dijo el barbudo- ayer mi hijo me dijo entre llantos que tenia hambre, y a mi se me cayo el alma al suelo. O cambia esto ya u os juro que entro a la casa de uno de esos perros del sistema y les robo la nevera. Porque mi hijo no va a pasar hambre, eso os lo aseguro.
-¿Y que podemos hacer si tienen el control de todo?- la voz del contable había ido perdiendo fuerza con el tiempo, y sus amigos se temían que su fuerza de voluntad cediese y acabara cometiendo suicido. No seria el primero en hacerlo.
-Se puede hacer algo. – Los dos compañeros miraron al joven extrañados- solo necesito entrar a al fabrica, y lo solucionare.
-¿Que propones muchacho? Si realmente sabes como arreglar esto los que estamos aquí te abrimos camino a la fábrica a base de cojones si hace falta, que somos más que esos perros.
-No, para que el plan funcione nadie bebe saber que he entrado. Si no el sabotaje no funcionara
-Sabotaje, me gusta esa palabra. Vamos a joder al puto Gutiérrez.
-¿Pero como vas a entrar? es muy difícil colarse.
-Difícil pero no imposible. Oí que el antiguo conserje se llevo una copia de las llaves, y seguro que no han cambiado las cerraduras porque nadie se lo esperaba.
Los otros dos se miraron, si el joven estaba tan loco como para entrar solo aquel podía ser un buen plan.
-Supongo que sabes lo que haces muchacho, si estas tan hasta los huevos como yo seguro que te puedes arriesgar a esto. Busquemos al conserje, si aun anda por aquí.
Por suerte para ellos el conserje aun estaba allí, manifestándose con los demás. Le explicaron el plan y accedió a ayudar. Fue a por las llaves a su casa y aquella noche el joven manifestante entro de hurtadillas en el edificio. Salio a la media hora. Y al día siguiente los robots de la empresa se negaron a obedecer la orden de trabajar.
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